Ante una batalla decisiva, el general japonés decidió tomar la iniciativa y atacar, a pesar de saber que el enemigo era mucho más numeroso. Aunque confiantes en su estrategia, sus hombres estaban temerosos.

Camino hacia la confrontación, resolvieron detenerse en un templo. Después de rezar, el general se dirigió a sus soldados:

- Voy a arrojar esta moneda. Si sale cara, volveremos todos al campamento. Si sale cruz, significará que los dioses nos protegen y que derrotaremos al enemigo. Ahora se revelará nuestro futuro.

Tiró la moneda al aire y los ojos ansiosos de sus soldados vieron el resultado: cruz. Todos vibraron de alegría, atacaron con confianza y vigor y pudieron celebrar la victoria al atardecer.

Orgulloso, su comandante comentó:

- Los dioses siempre tienen razón. Nadie puede cambiar el destino revelado por ellos.

- Tienes razón, nadie puede cambiar el destino cuando estamos decididos a seguirlo. Los dioses nos ayudan, pero a veces tenemos que ayudarlos también - respondió, entregando la moneda a su oficial.

Los dos lados marcaban cruz.

Miguel Angel Cornejo
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