¿Sabemos Compartir?....

Hoy quiero comentar sobre el Compartir. Muchas veces nos cohibimos de compartir pensando que no tenemos nada que dar, que el dinero no nos alcanza, sin darnos cuenta que no solamente es algo material lo que podemos darle a otras personas. Una palabra de aliento, compañía en la soledad, consuelo al enfermo o deprimido, en fin, son variados los modos en que podemos regalarle algo a otros y así de alguna manera devolverle al universo el regalo de la vida. Una de las cosas más valiosas que podemos dar o compartir es nuestro tiempo. Resulta totalmente paradójico notar que en la era de la comunicación nos estemos muriendo de soledad. Entonces, regalemos nuestro tiempo, Mucha gente lo necesita. Sin embargo, también es importante compartir lo que tenemos. Si tienes mucho, da mucho; si tienes poco da poco, pero da siempre. Eso si, dar sin esperar algo a cambio. Cuando das esperando recibir algo te alejas de Dios, te alejas del Amor y anulas los beneficios de dar por el sencillo placer de hacerlo el cual nace del amor al ser humano. Eso tiene nombre y apellido, se llama Ley del Dar y el Recibir o Ley de Causa y Efecto.

Y nos vamos de cuento:

Una muchacha estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compró un paquete de galletas. Se sentó en una poltrona en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Al lado de la poltrona donde estaba la bolsa de galletas, se sentó un hombre que abrió una revista y comenzó a leer.

Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó:

- "¡Pero qué descarado! Si yo estuviese más dispuesta le daría un golpe en el ojo para que nunca más se le olvide".

Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la tenía tan indignada que no conseguía reaccionar. Cuando apenas quedaba una galleta, pensó:

- "Ah... ¿qué será lo que este abusador va a hacer ahora?"

Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah, Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia! Cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque. Cuando se sentó confortablemente en una poltrona, ya en el interior del avión, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí, todavía intacto, cerradito. ¡Sintió tanta vergüenza!... ¡Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba! Había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa.

El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras que ella quedó muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de ella con él. Y ya no había tiempo para explicar, ni para ofrecer disculpas.

¿Cuántas veces en nuestra vida nos estamos comiendo las galletas de los demás y no estamos conscientes de ello?. Antes de llegar a una conclusión, observa mejor. Tal vez las cosas no sean exactamente como crees. No pienses lo que no sabes acerca de las personas.

Existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan:

Una piedra después de haber sido lanzada,

Una palabra, después de haber sido expresada.

Una oportunidad, después de haberse perdido.

El tiempo, después de haber pasado.

Fernando Latouche
Profesor de Cursos de Locución, Oratoria y Producción Radial en Bilingual Professional Group y Universidad de Carabobo, Escritor,
Conferencista, Redactor y Articulista.


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