Mi país, un espacio conocido, un lugar sumergido en una crisis sin final, que a lo largo de 500 años no ha encontrado su destino; mi país, una confusión que hoy se torna en desesperación, amaneceres obscuros con ocasionales luces de esperanza, lo demás: corrupción, violencia, abandono y olvido.

Me pregunto a mí mismo: ¿lograremos superar tanta adversidad?, ¿acaso los habitantes de esta nación tendremos que soportar siempre la expresión máxima de la burla y la ironía?, y en mi desesperación me vuelvo a interrogar: ¿tendremos acaso que tolerar eternamente la traición, que se ha convertido en tradición?

Al final he encontrado una respuesta que ha calmado mi angustia, en ella he comprendido que la máxima expresión de mi libertad es mi propia responsabilidad, que ésta es mi compromiso ante la tierra que me germinó, en la cual aún palpitan los corazones de los seres que me gestaron, que soy yo quien debe incansablemente luchar para que tal ultraje termine para siempre.

He identificado solamente un camino para lo que hoy parece imposible se convierta en realidad: he decidido ser un ciudadano ejemplar, digno del país que me ha forjado; he decidido aceptar el compromiso de buscar la Excelencia en cada acción que realice; tengo la plena certeza de que a partir de hoy mi país tendrá un mediocre menos que tolerar; ¡basta de lamentaciones!, de reclamos sin respuesta, de caminos extraviados sin salida, hoy transitaré por el camino de la honestidad, ese será mi primer paso para ejercer auténticamente mi propia libertad: Éste es mi compromiso con los valores, con los que deseo vivir, convertirme en el ciudadano que esta tierra reclama para ayudar a forjar la nación que está llamada a ser.

Miguel Angel Cornejo
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