Tal vez a usted le ha sucedido alguna vez, ó ha presenciado la siguiente escena: cuando un automovilista aborda su vehículo estacionado en la acera de una calle común y corriente, pone el auto en marcha, acciona su reversa y va a dar contra un poste, la primera reacción de la persona es voltear a ver si alguien la estaba observando, y en sus labios dibuja una sonrisa de disculpa, pues es evidente que el único culpable es él; a continuación se baja del automóvil, observa el daño a su vehículo y por supuesto al poste, y murmura para sí mismo, "estúpido poste". Por supuesto, piensa que él no ha sido el culpable del desagradable incidente, sino que el causante es el desgraciado poste; además quisiera saber quién fue el ineficiente funcionario a quien se le ocurrió ponerlo precisamente en ese lugar.

Hay quien acumula sabiduría a través de asimilar cada tropiezo como una lección y para sí mismo se pregunta: ¿en qué fallé?; también hay quien solamente acumula estupidez, pues siempre busca culpar a otros de las fallas ocurridas para justificar su fracaso, un poste al cual echarle la culpa.

Me imagino el paraíso de los mediocres con muchos postes, las disculpas a todos sus fracasos. La conclusión es que "el fracaso tiene mil justificaciones, el éxito no requiere explicación".

Miguel Angel Cornejo
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