El dolor me ha sumergido en la más desesperante oscuridad, me ha hecho maldecir, negar mi existir y reclamar por qué a mí me tenía que suceder.

El dolor me ha hecho sangrar y he vertido amargura sin sentido, lastimando a los seres que más amo y que me aman.

El dolor me ha revelado mi debilidad, la fragilidad de mi ser ante la adversidad.

El dolor me ha conducido con mis flaquezas hacia el encuentro con Dios, para suplicarle que me cure y me dé paz.

El dolor me ha mostrado que mi amargura la puedo convertir en una fuente de amor.

Y Dios ha convertido mi dolor en vigor, me ha levantado y me ha impulsado para que mis lágrimas se conviertan en alientos, mis gemidos en sonrisas, mis amarguras en gritos de fortaleza. El dolor me ha dado templanza y firmeza y puedo finalmente decirle a Dios, gracias, porque el dolor me ha convertido en un ser profundamente humano que puede amar.

Miguel Angel Cornejo
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