La experiencia nos enriquece y también nos puede empobrecer.

La experiencia puede ser constructiva o aniquilante.

La experiencia puede ser maravillosa u oscura.

La experiencia te modifica para crecer o para involucionar.

La experiencia te hace avanzar y también retroceder.

La experiencia es certeza y también incertidumbre.

La experiencia es mágica y también cruel, lo importante es qué hacer con ella, hay quien surge como un gigante y hay quien se empequeñece tanto que llega a desaparecer.

Es fuente de la sabiduría y también de amargura. Cuando te enfrente a una nueva vivencia pregúntate ¿por qué a ti?, ¿qué tenías que aprender?, ¿cuál ha sido la lección que te ha dejado? Y si se vuelve a repetir pregúntate que has dejado de asimilar porque seguramente si no lo has hecho se volverá nuevamente a repetir.

La sabiduría en la vida se alcanza cuando nos dejamos ilustrar por las experiencias que nos llevan a un estado superior de inteligencia y de bondad, cuando las sabemos asimilar podemos modificar por siempre nuestra existencia.

Se requiere humildad para dejarse ilustrar por la adversidad y un espíritu extraordinario para distinguir las aristas positivas que nos pueden enriquecer.

Pidámosle a Dios la sabiduría para no dejar pasar cada experiencia que nos permite encontrarlo y poder dirigir nuestras vidas con la certeza de que cada día podemos amar más, nacimos para mejorar y para lograr engrandecernos sin cesar hasta el día que dejemos de existir.

Recuerda, cada experiencia no asimilada por siempre se va a repetir, aprende, es más fácil avanzar que retroceder, no seas terco y se humilde para aprender.

Miguel Angel Cornejo
http://www.cornejoonline.com