Amo a esta tierra que me dio a mis padres, origen de mi existir y que a través de su trabajo honrado y honesto esculpieron mi carácter y con su dulzura y ternura forjaron mi alma.

Amo a esta nación que me educó y me dio la oportunidad de encontrar mi vocación y realizar mi ser.

Amo a mi país, porque me heredó la sensibilidad y el orgullo indio y el pensamiento español, amalgama que me dio por naturaleza un estilo único de pensar y de vivir.

Amo mi origen, tierra rica de paisajes y aroma de flores, llena de vivos colores con infinitas playas y cristalinas aguas, selvas exóticas de frescura y pasión, desiertos que conforman retos al labrador que los hace fructificar, lugar que me dio una compañera de vida con trato suave y susurros de amor.

Amo mi patria, porque me legó el bien mayor que puede recibir un hombre: La libertad, único marco posible para lograr mi plena realización. Herencia orgullosa que he recibido y que ahora lucho por enriquecer para que mis hijos, frutos de esta tierra, sean dignos de pisarla con orgullo de pertenencia y sean ellos el legado que deje a mi nación, para que sean luchadores incansables por engrandecerla y bendigan con su vida el espacio que han recibido, el orgullo de su origen, herencia y trascendencia, tierra y libertad, forjada con sangre de valientes, tierra de oportunidades y de identidad.

Para que puedan tomar un puñado de esta tierra y absorbiendo su aroma se extasíen de orgullo por nuestra raza y sean por siempre sembradores y labradores de una nueva civilización que dignificando lo nuestro, luchen por plena libertad, sean generadores de riqueza humana y espiritual para rescatar a nuestros miserables y desposeídos, para que sean forjadores de una raza llamada a la Excelencia.

Por eso amo a mi nación, porque es pasado y esperanza, por su presente promesa que nos llama a la plenitud y desafío, por ser tierra noble, origen y futuro, que día a día me alimenta, me realiza y me muestra en su bondad la presencia de Dios.

Miguel Angel Cornejo
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