Nací en la miseria, nunca conocí a mi padre; mi madre me dio lo único que me podía dar: algunas caricias, y descargó en mi toda su frustración y mal humor. Te aclaro algo que para mí es importante: yo no decidí nacer.

Abandoné siendo muy pequeño, un cuarto que olía a orines, perfume barato y frijoles, y me perdí en las calles de mi ciudad. ¿A eso le llaman libertad?

Desesperado por el hambre, aprendí a pedir limosna y también a robar; no encontré otro camino para sobrevivir. ¿Acaso vivir así es libertad?

Sin darme cuenta encontré una fuente de alegría sin sentido, logré por un momento olvidar mi soledad y, sin detenerme a pensar en lo que mañana pudiera suceder, aprendí que mi hambre se podía olvidar. Sí, encontré a un compañero que me hacia cambiar mi realidad, y a partir de ese momento la dora se convirtió en mi cómplice; además, nadie podía decirme nada, pues por ahí escuche que yo tenia derecho a hacer lo que quisiera porque eso era libertad.

Un día, sentado a la orilla de la calle, observé a un niño frente a un aparador de juguetes, indeciso ante qué muñeco comprar, mientras que yo no tenía otra alternativa que continuar mi camino, con rencor, sin más distracción que mi soledad. Entonces estalló en mi interior un grito de ira y desesperación: ¡soy libre, pero no encuentro un lugar para dormir!

¿Qué es para mí la libertad?
¿Elección o resignación?
¿Presencia o desesperación?
¿Amor o rencor?
¿Constituir o destruir?
¿Vivir o morir?

Tu que hablas de realización, te suplico que me des el conocimiento para aprender a vivir, para llegar a ser lo que debo ser; quiero entender mi realidad, buscar un porvenir, construir un sueño, alcanzar un futuro diferente; dame señor educación, y te prometo que aprenderá a usar ese don que Dios me entregó que se llama libertad.

Deseo ser libre para poder amar

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Un niño que desea encontrar una razón para existir.

Miguel Angel Cornejo
http://www.cornejoonline.com