Malabaristas del éxito

No pidamos a otros, aquello que no podemos dar.

El caminante que no camina, el ave que no vuela, la luciérnaga que no alumbra y el marino que no navega, están muriendo lentamente, están perdiendo sus vidas, como se extravían las arenas en la inmensidad de un desierto, en la inútil espera, aguardando de otros aquello que nunca llega.

Quien así piensa, su tiempo, tesoro inigualable, como el agua entre los dedos, se le va... y cuando eso ocurre sólo queda un sabor amargo difícil de quitar, porque el tiempo que hoy es primavera, mañana es verano y no volverá y el estío todo lo seca y marchita, y aquellos sueños que en sueños quedaron, el viento arrastrará.

En la vida hay que atreverse, ser malabaristas de la acción, identificar los dones que trajimos al nacer, descubrirlos a tiempo, antes de que anochezca. Volar cuando estemos listos para desplegar nuestras alas sin ningún temor. Divisar nuestro horizonte y emprender el vuelo con pasión, pues la motivación es el combustible que nos da las fuerzas para llegar, para continuar por el sendero que nos toca transitar. Si queremos beber agua fresca, por ella al río debemos ir. Si deseamos cosechar, en terreno fértil debemos sembrar.

A veces somos edificadores de nuestras propias barreras, eficaces artífices de nuestros fracasos, expertos visionarios de un mundo infeliz, porque queremos justificar nuestros miedos y temores de no triunfar, de no hacerlo bien, de caer y caer, sin podernos levantar. Y eso, amigos míos, eso lo debemos execrar, eliminar de nuestro espíritu, para poder magnificar los verdaderos valores que nos ayudarán a alcanzar todo aquello que nos propongamos con energía, ilusión y poder interior.

Dios, nos ha dado todo. Él coloca al hombre en la tierra y le dice:” ve, corre, busca tu felicidad, tienes todo con que hacerlo, no me vayas a fallar”. Algunos corren rápidamente, con coraje y valor, porque saben hacia dónde ir, conocen su horizonte. Otros esperan un impulso o se detienen a mitad de camino, cansados antes de todo dar, y algunos, ni siquiera se motivan a su marcha iniciar, se sienten perdedores antes de luchar. Prefieren quedarse viendo a los demás pasar. Matan sus ilusiones, exterminan sus sueños sin dejarlos florecer. Se cierran todas las puertas antes de tocar, magnifican los fracasos, rinden pleitesía a la tristeza, al resentimiento y desamor, porque sus manos están vacías y su tiempo ha pasado sin justificación.

No, no seamos perdedores, todos podemos triunfar, sólo es cuestión de actitud, de que lo queramos intentar. No dejemos pasar nuestro tiempo, porque nunca más volverá y lo que no hagamos ahora es vida que se nos va. Seamos malabaristas de acciones, seguros de no caer. Cristalicemos nuestros sueños, aprendamos a crecer.

Corramos, es nuestro tiempo. Busquemos ser TRIUNFADORES de espíritu y acción. No esperes, arriésgate y ganarás. No le pidas a otro, aquello que tú no das.

Vianney Vallenilla
Instructora en temas como Calidad y Servicio al Cliente, Supervisión, El lenguaje del Líder, Excelencia y Crecimiento personal, etc.


Copyright © 2017 - liderazgoymercadeo.com - Políticas de Privacidad
Todos los Derechos Reservados. atencionliderazgoymercadeo@gmail.com