Profetas y Campeones – Los Líderes de Grupos y Equipos (II Parte)

En segundo lugar, quienes casi de forma ideológica asumen que el ‘líder exitoso’ así como se lo entiende convencionalmente, es el que a la postrer puede dirigir el destino de – por ejemplo – una nación, pueden pensar que esto es incorrecto, pero la realidad nos muestra cómo es que líderes revolucionarios y vencedores de todas clases luego fracasan al intentar convertirse en administradores formales de los grupos que han conquistado.

Y también de esto se desprende una conclusión importante que en mi opinión debería ser tenida en cuenta en el actual mundo en el cual ni siquiera ‘la economía’ es lo que importa, sino exclusivamente la performance financiera de las empresas y hasta los estados: tal orden de cosas está destinado al fracaso porque se está confundiendo la naturaleza de la actividad – loable por cierto – del hacer dinero con la de brindar bienestar a la población.

El líder capaz de cambiar al mundo, el que puede mover a grupos enteros, es esencialmente un ‘profeta’ es aquel que sabiendo intuitiva o conscientemente manejar un grupo, y no confundiendo los objetivos del mismo con los de un equipo, aprende a modificar las reglas que definen dicho sistema – grupo de modo tal que su sinergia propia no se vea afectada negativamente.

Esto tiene que ver, por supuesto, con dos cuestiones fundamentales: una, la definición de sinergia como un todo que es más que la suma de las partes que le componen, de acuerdo a la teoría general de sistemas; y en segundo lugar, con el concepto de lo negativo y lo positivo, lo cual nos hace ingresar en el terreno de lo moral y lo ético.

Ya el propio Maquiavelo nos dice en ‘El Príncipe’ que hay ciertas clases de líderes sobre los cuales él no puede pasar juicio alguno pues las razones que les guían están más allá de la comprensión de los hombres, refiriéndose a la aristocracia eclesiástica.

Si bien esta afirmación tenía un indudable objeto político, podemos rescatar de ella que siendo su obra esencialmente un manual práctico de liderazgo para príncipes – es decir, individuos altamente ejecutivos -, y tomando en cuenta el contexto general de todo su producto como autor, no se debe caer en el error de olvidar al tiempo que se considera esta frase que Maquiavelo escribió también otros dos libros importantes como son los ‘Discursos’ y ‘Del Arte de la Guerra’, en los que claramente hace mención a la necesidad de otra clase de conducción para los grupos sociales.

De hecho, Maquiavelo era un republicano y hay por lo general consenso académico en que sus obras han sido mal interpretadas superficialmente. Así como ‘El Príncipe’ constituye un manual para el líder ejecutivo – lo que yo estoy considerando como un líder de equipo – ‘Discursos’, escrito orientado principalmente al estudio de las formas de gobierno republicanas – o para grupos - representa la segunda parte de su obra, como es la conformación de un conjunto de reglas de gobierno ‘in toto’.

En ‘Del Arte de la Guerra’, Maquiavelo insiste en que la conformación de un estado sólido no se puede basar únicamente en la fuerza o el dinero, sino que es necesario que cuente con equipos eficientes – los ejércitos, en este caso – y con estrategias coherentes.

Precisamente, los conceptos de Maquiavelo, surgidos en una época en la que en Italia predominaba el desorden y la disgregación, pueden servirnos como ejemplos para analizar un poco lo que sucede hoy en día en nuestro mundo.

El autor italiano, por ejemplo, insistía en la inutilidad de los ejércitos mercenarios contratados por los príncipes, y resaltaba la necesidad de contar con fuerzas basadas en el reclutamiento de los ciudadanos. La razón principal, según Maquiavelo, para que existiera una diferencia sustancial entre la calidad y confiabilidad de estas fuerzas, residía en que las levas ciudadanas siempre eran mucho más leales a su causa.

Este concepto no deja de ser actual: si bien hoy en día no nos estamos preocupando por el estado de los alabarderos o la caballería, la misma noción puede generalizarse a toda actividad humana y particularmente de liderazgo.

Los líderes del renacimiento italiano dejaron de confiar en su gente y empezaron a ‘tercerizar’ diversos servicios, contratando mercenarios y asesores externos para manejar la cosa pública. El resultado es evidente: Italia, hasta mediados del siglo XX permaneció en las sombras.

En el imperio chino, en la época en la que Marco Polo visitó la región, también presentaba una curiosa lejanía entre la población, es decir, los integrantes del grupo que es la China, y los equipos encargados de gobernarla.

Los emperadores, curiosamente, no contrataban a personas de origen chino para trabajar como funcionarios, sino que casi con exclusividad empleaban a extranjeros, ya fueran mongoles, árabes o, como en el caso de los Polo, hasta a occidentales.

La razón supuesta de ello era que ‘no confiaban’ en los chinos – sus propios súbditos – por considerarlos poco educados y corruptos, lo cual podía ser cierto, pero al confundir la naturaleza de los grupos y equipos, estos emperadores sembraron las semillas de la propia destrucción de su estado: se reconoce generalmente que no más de dos siglos después de la visita de Marco Polo, el imperio chino ya se encontraba en franca decadencia.

Enneduanna es el nombre de la primera persona que escribió una obra literaria. Esta era una princesa y sacerdotisa sumeria. Ashurbaniphal ha sido el primer jefe de estado capaz de leer y escribir, y se reconoce que entre los pueblos del Asia Menor, como los sumerios y asirios es donde ha surgido la escritura.

No es por casualidad que al mismo tiempo, los asirios hubieran desarrollado la mejor maquinaria militar de su época y también los primeros estados con cierto grado de poder.

Instituciones tales como las escuelas y elementos tan aparentemente triviales como la contabilidad y un sistema postal de uso público hubieran aparecido allí también, lo que demuestra que el verdadero poder está asociado al conocimiento en tres facetas diferentes, como son la organización práctica de los estados o asociaciones en general en alguna forma de grupos y equipos, el desarrollo del conocimiento académico en cualquier grado y forma, y el desarrollo de alguna forma de código de conducta al cual estos grupos y equipos deberán apegarse.

Esto no debe ser pasado por alto, pues también fue entre los pueblos del Asia Menor que los primeros códigos legales han surgido.

Es decir, resulta claro que además de la confianza en la propia tropa, que si no existe debe ser desarrollada por medio de la educación tanto técnica como así también moral y ética, para poder dirigir una organización cualquier hay que saber ubicar a las necesidades y por lo tanto, a los propósitos prácticos, y también hay que saber darle un sitio a lo que podríamos definir como la parte espiritual del liderazgo, que no por ser menos visible deja de ser importante.

De hecho, el desarrollo de lo que los militares conocen como ‘el frente interno’ es muchas veces más importante que cualquier ventaja comparativa en el plano material: los norvietnamitas, en clara inferioridad técnica frente a los norteamericanos, sin embargo supieron vencerles en base al manejo hábil de un solo aspecto: la motivación de sus combatientes.

Ho Chi Minh escribió una vez que lo que él buscaba no era vencer a su adversario en el e terreno, sino en su propia mente, y no se puede decir que no lo logró.

La historia de muchas compañías comerciales también nos demuestra que el factor decisivo en el éxito o la bancarrota es muchas veces algo tan difícil de comprender y definir como es el entusiasmo de las personas.

Por eso, el líder de grupo se debe especializar en la generación de todas aquellas condiciones adecuadas para que el entusiasmo y la motivación de los propios integrantes sea la que le de un sustento sólido a los equipos que en definitiva buscarán los resultados.

Sin este sustento los equipos estarán a la deriva, y es por esto; es decir, por la necesidad de orientar los esfuerzos que el líder de equipo no debe asumir el rol de un líder de grupo, pues está preparado para otra cosa.

Si la historia prueba que muy pocas veces los líderes de equipos se han convertido finalmente en buenos estadistas en todo sentido, deberíamos reflexionar acerca de lo que estamos haciendo con el mundo nuevamente al mezclar puestos, atribuciones e ideas, pretendiendo ver a la gestión de liderazgo como algo que cualquiera que tenga poder pueda hacer.

Las cosas no son así y las reglas de nuestro universo siguen vigentes pese a cualquier decreto. Si intentamos olvidar a la gravedad, no pasará mucho tiempo hasta que le recordemos.

Pablo Edronkin
Presidente de www.andinia.com, Director General del GEA (Grupo Explorador Argentino)


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