La Ventana de la Vida

Esta es la historia de dos hombres con enfermedades terminales que convivían en la misma habitación de un gran hospital. Uno de ellos, Julian, tenía pésimo humor, maltrataba con su arrogancia y apenas conversaba. El decía que la vida había sido muy injusta con él, y que nadie lo quería. A Fermín, como parte de su tratamiento, se le permitía sentarse en la cama durante una hora todos los días (para mover el líquido de sus pulmones), tenía un espectacular humor (a pesar de su enfermedad) y sentía que le había entregado todo a la vida. El otro hombre en cambio, debía permanecer acostado todo el tiempo boca abajo y además, junto a su cama no había ventana.

Todas las tardes, Fermín se instalaba en su ventana y describía a su compañero lo que veía afuera. Al parecer, la ventana daba a un parque que tenía un precioso lago, en el cual había patos y cisnes, los niños se acercaban a darles pan de comer y echaban a navegar sus barquitos. Los enamorados caminaban tomados de la mano y recorrían el lago, haciendo volar sus palabras de amor por todo lo alto. Al caer la tarde, se contemplaba un espléndido panorama de la ciudad recortada del cielo y reflejada en el espejo de agua del lago, de tal color que cambiaba las tonalidades de la habitación.

El Hombre que permanecía acostado, oía con entusiasmo las descripciones que le hacía su compañero, oía que un chico casi se cae al lago, lo lindas que estaban las chicas paseando en el lago con sus vestidos de verano, en fin, le hacía sentir que, prácticamente estaba viendo lo que sucedía afuera.

Una tarde, sin embargo, se preguntó a sí mismo, ¿por qué el hombre de la ventana tenía tanto placer de ver lo que pasaba y él no?. Se sintió avergonzado por tener tales pensamientos, en lugar de agradecer las descripciones que le hacía su compañero. Por más que trataba de quitarse esos pensamientos, cada día eran más fuertes en su cabeza y estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de cambiar la situación.

Una noche, el enfermo que dormía junto a la ventana, comenzó a tener problemas de respiración, se ahogaba y no podía llegar al botón para llamar a la enfermera. Su compañero lo oía en silencio sin tratar de ayudarlo, incluso sintió cuando la respiración se detuvo. A la mañana siguiente, la enfermera entró al cuarto y encontró al hombre muerto y en silencio sacaron el cadáver de la habitación. Cuando lo consideró oportuno, el otro hombre preguntó si podían cambiarlo a la cama que estaba junto a la ventana. Las enfermeras lo trasladaron, lo instalaron y lo pusieron cómodo. En cuanto se fueron, con mucha dificultad se incorporó y se asomó a la ventana para hacerse dueño de tan espléndido paisaje.

Frente a sus ojos, descubrió con horror, que sólo había una pared blanca...!!!. Todo había sido producto del optimismo y la imaginación de aquel compañero que se fue al cielo.

Fuente: Un anónimo compañero de habitación.
Reflexión: El compañero de la ventana lo único que pretendía era hacerle más llevadera su enfermedad terminal, hacerle más agradable su vida y en cambio encontró a un hombre cegado por una envidia, por resentimiento, por carencias afectivas que achacaba a terceros. Muchas veces, hasta dando amor, hacemos daño a la gente sin motivo. Pero ese es nuestro verdadero destino de vida, ¡nunca lo olvides!.

Juan Carlos Carames Paz
Fundador de Spectrum Business, C.A., Consultora, Asesoría y Desarrollo del Capital Humano. Autor del libro “Significados, diez razones para renovar tu vida”


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