Al ser preguntado por el periodista Mick Brown si era la reencarnación de los Dalai Lamas anteriores, el actual Dalai Lama respondió:

“Es un tema muy complicado. Algunas personas se reencarnan, otras son apenas símbolos del ser que se desencarnó. Pienso que a través de mis vidas anteriores siempre tuve un vínculo muy fuerte con mi pueblo, y todo mi trabajo espiritual se manifiesta en todo cuanto pueda hacer para traer de nuevo la libertad a mi país”.

O sea: el Dalai Lama no respondió ni “sí” ni “no”. Sin embargo, de acuerdo con las enseñanzas del budismo tibetano, nuestra conciencia sutil – que existe en todos los seres humanos pero normalmente está siempre adormecida – perdura después de la muerte. En esta conciencia sutil quedaron archivadas todas las acciones, gestos a intenciones de la vida que acaba de finalizar; todo eso, después de permanecer algún tiempo en el espacio vacío, termina por reencontrar su forma física en un nuevo cuerpo.

El pueblo tibetano procura archivar en esta conciencia sutil (una variación de aquello que conocemos como alma) una serie de conductas que ayudarán en la próxima vida. Cuantas más veces se repita la tarea, más fuerte será la marca dejada, lo que hace que, los rituales religiosos sean casi diarios.

En el Tibet no solamente se desarrolla deliberadamente esta conciencia, sino también, cuando un maestro muere, procura dejar pistas para que su próximo cuerpo pueda ser rápidamente reconocido.

Uno de los casos actuales más conocidos es el del niño español Osel, que cuenta actualmente con 11 años de edad y vive en el norte de la India. En 1935 nació el Lama Yeshe, que pasó su vida estudiando el misticismo tibetano, se exilió durante la invasión china y terminó sus días en California. El día de su muerte, llamó a su discípulo favorito y le dijo que esta vez se reencarnaría en Occidente. Pasaron algunos años y el discípulo soñó con Yeshe, que le pedía que ahora fuese a buscarlo.

Y fue así que visitando los diversos monasterios fundados por su maestro teminó en la ciudad de Bublion, en el sur de España, donde encontró a un niño que había nacido el día exacto en que tuvo su sueño. Mostró al chico.

Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que a Vos recurrimos. Amén.

una serie de campanas y collares de cuentas y el niño, que contaba entonces con 2 años, seleccionó exactamente los que habían pertenecido al Lama Yeshe, por lo que fue proclamado como su reencarnación y llevado a un monasterio para ser educado según los ritos tibetanos.

El antecesor del actual Dalai Lama indicó donde debería renacer. Tres o cuatro años después de su muerte, unos monjes que fueron hasta una aldea en la parte este del Tibet y encontraron a un niño que correspondía a la descripción. Ese niño – el actual Dalai Lama – fue llevado hasta el palacio de Potala, en Lasha. En cuanto llegó comenzó a caminar por el palacio con bastante naturalidad, y en un determinado momento vió una caja.

Mis dientes están allí, dijo.
Y era verdad, la caja contenía la dentadura postiza de su predecesor.

La vaga respuesta dada por el Dalai Lama al periodista Mick Brown tiene sus motivos: todos los grandes maestros tibetanos siempre dejan marcas semejantes al ejemplo citado, pero es imposible verificarlas o autenticarlas fuera del contexto cultural. La consecuencia de esto fue la aparición de una serie de falsos maestros en los más diversos puntos del planeta, asegurando que pertenecían a una estirpe de verdaderos sabios pero cuyo único propósito era reunir un grupo de discípulos que pudieran colaborar financieramente para su bienestar.

El hermano del Dalai Lama, Tenzin Choegyal, comenta:
“Como tibetano, yo creo en la reencarnación del hombre. Pero Occidente parece preocuparse apenas por el exotismo de nuestras costumbres, como los oráculos, los rituales y las ceremonias, y nada de eso es importante. El ideal máximo, el milagro del budismo es permitir que cualquier ser humano con el corazón vacío pueda convertirse en una persona repleta de amor y compasión”.

FUENTE: http://www.paulocoelho.com
“Guerrero de la Luz Online, publicación de www.paulocoelho.com.br

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Traducido por Montserrat Mira