Superación Personal

En general, asociamos “superación” con el terreno económico y creemos que una persona que emerge de la escasez a la prosperidad, necesariamente se ha superado a sí misma. Pensamos que quien cambia su carro periódicamente, amplía su casa o se rodea de más y mejores bienes materiales se va “superando”.

Pareciera que superación es sinónimo de éxito y triunfo, nos guste o no, así lo aceptamos. Sin embargo, esta manera de concebir la “superación” personal tiene un precio que pagamos con la vida. Así es, aunque no sea tan evidente, cada objeto que adquirimos representa cierta cantidad de horas de trabajo.

Días, semanas o meses de nuestra vida invertidos en objetos que, tarde o temprano, se descomponen, desintegran o sencillamente pasan de moda. Pésimo trueque teniendo en cuenta que nadie nos devuelve ese tiempo invertido. Aún peor es aquel caso donde compramos a crédito porque implícitamente hipotecamos nuestra libertad. El fugaz destello de cada juguete nuevo, en ocasiones, se transforma en días de stress y angustia para cumplir el compromiso adquirido.

Sin embargo, con cada nueva adquisición sentimos que “avanzamos” aunque no tengamos idea hacia donde. Insistimos en esta alocada carrera porque, en realidad, lo que está en juego no es otra cosa que nuestra autoestima. Si, aunque tampoco sea evidente, en un mundo donde el que tiene más vale más y la palabra del Sr. Éxito no se discute, disponer de lujos innecesarios es el pasaporte a la aceptación social y de esto depende sentirnos dignos… o marginados. Mientras jugamos este insensato juego, la vida, nuestra vida, pasa inexorablemente y con ella la oportunidad de ser Felices. Por eso creo que vale la pena replantearnos, desde un punto de vista más amplio, la idea de “superación”.

Todos hablamos de paz, igualdad, justicia, comprensión y tantas otras virtudes que, en conjunto, llamamos Amor. Sólo hablamos. Y vivimos una continua incoherencia entre esto que proclamamos y nuestras acciones. Es esta contradicción permanente la que nos sume en la confusión y sus consecuencias directas, el temor y las dudas. Quien se deja gobernar por el miedo solo busca una cosa: seguridad, así es como, en lugar de dedicar nuestra vida a disfrutar, la desperdiciamos postergando cada sueño, anestesiando cada ilusión y preferimos guardar “por las dudas” o por temor a lo que nos pudiese pasar.

Pero la vida es ahora, no después ni mañana. Fuimos, somos y seremos siempre, Seres Libres, vale recordarlo y nadie va a hacer las cosas por nosotros. Podemos elegir; el temor es un camino sombrío, plagado de privaciones, luchas, postergaciones y sacrificios, el Amor otro donde reina la claridad, la armonía y la milagrosa magia que existe mas allá de toda razón. Podemos elegir a cada instante, vivir en la miseria, aún con el mejor saldo bancario, o darle al corazón el poder de nuestra vida. El Amor vence al temor como la Luz a la oscuridad. Superarse es, desde este punto de vista, emerger del temor al Amor y el resto; prosperidad, alegría, paz y abundancia, sus genuinas consecuencias. No podemos cambiar “el” mundo pero si “nuestro” mundo personal. Por allí empieza la superación, dando tanto Amor como seamos capaces sin exigir nada porque el don del Amor es un privilegio en sí mismo que nos sitúa en el maravilloso sendero de la Felicidad.

No te olvides de ti pues en la ilusión del tiempo la vida es apenas una chispa y tienes derecho a ser feliz, casi la obligación, porque solo un Ser feliz es sano física, emocional y mentalmente, sólo un ser feliz puede entregar algo positivo a su entorno, ya no postergues aquello que anhelas y representa la felicidad para ti, superar el temor, recuperar la sonrisa, el buen humor y los gestos amables para quienes nos rodean constituyen el primer paso.

Fernando Latouche
Profesor de Cursos de Locución, Oratoria y Producción Radial en Bilingual Professional Group y Universidad de Carabobo, Escritor, Conferencista, Redactor y Articulista.


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