Hasta que cualquier cosa nos Separe...

Como señala el psicólogo Luis Riesgo Ménguez, en los años 60 en Estados Unidos se recomendaba el divorcio como panacea para matrimonios mal avenidos. Treinta años después, el psicólogo Paul Pearson dice que ha llegado la hora de sustituir el lema su matrimonio se ha roto, busque una nueva pareja por otro más sano: su matrimonio se ha roto, arréglelo.

Constantemente las parejas me solicitan consejo para sacar adelante su casi hundida relación matrimonial. Cierto es que los problemas maritales no son exclusivos de este nuevo siglo o de fines del pasado; sin embargo, es paradójico que las relaciones de pareja se encuentren sumamente frágiles a pesar de la gran cantidad de libros, cursos e incluso pláticas prematrimoniales que la mayoría de las iglesias exigen a los aspirantes a casarse. Esta problemática no es exclusiva de alguna generación determinada, puesto que el deterioro matrimonial se da en parejas con más de cincuenta años de edad como en matrimonios formados por jovencitos de veintitantos.

Aunque cada relación debe atenderse con base en sus características específicas, a continuación enlisto una serie de ideas generales y prácticas que le permitirán fortalecer su relación conyugal, así como enfrentar y vencer algunos de los problemas más comunes que las parejas enfrentan.

  1. Reconozcan que el amor es una decisión.
    Muchas parejas se separan porque han creído que el amor es un sentimiento y por lo mismo creen que al no sentir bonito hacia su pareja han perdido el amor, cuando lo único que ha menguado es el sentimiento, no el amor. Al casarnos firmamos un contrato civil ante testigos; ¿le parece romántico? Por supuesto que no, ya que el amor no es sólo emociones, aunque por supuesto que las contiene, pero el amor es ante todo, una decisión. En ese contrato legal nos comprometemos a permanecer unidos en los malos y buenos tiempos porque todos sabemos que en la temporada de las vacas flacas las emociones huyen. Nadie experimenta sensaciones agradables cuando hay diferencias de opinión o cuando falta dinero, trabajo o salud; sin embargo, es allí cuando el compromiso del amor participa para sostener firme la relación y hacer uso de la voluntad para encontrar soluciones y permanecer unidos.

    El amor es incluso la decisión de mantener viva la emoción; es decir, las parejas deben continuar su actitud de juego y diversión a pesar de ya no ser novios; deben programar tiempos mensuales para convivir como pareja y tener tiempos divertidos que les ayuden a mantener vivas las emociones. ¿Hace cuanto que no sale a solas con su pareja para pasar un buen rato y conversar de algo que no sean las responsabilidades del matrimonio? Hágalo por lo menos una vez al mes.
  2. Vean los problemas como algo externo.
    -¡Tú tienes la culpa!, “Mira quién lo dice, el burro hablando de orejas”. ¿Le suena familiar?
    Mientras los miembros de la pareja vean que el problema es su cónyuge están destinados a continuar con esa situación por el tiempo que permanezcan juntos. Si el problema es el otro y éste no cambia, entonces la solución parece ser cambiarlo por otro, suena lógico ¿no? El punto crítico en esta situación es que la parte ofendida se está viendo como ajena a la relación matrimonial, es decir se ve como una víctima y por lo mismo identificará que el problema es su victimario, el cual a la vez es su cónyuge.

    ¿Qué hacer? Ven como problema al problema en sí y no a la persona que lo ejecuta; es decir, tú y yo tenemos un problema el cuál es que no controlas tu consumo de alcohol; o nuestro matrimonio tiene un problema y básicamente es que experimentas celos muy fuertes y que en mi trabajo desarrollo una vida social constante. Si observamos, aquí el problema se trata como algo que arremete contra la pareja, independientemente de que sea primordialmente uno de ellos quien lo representa; pero al verlo así la pareja se lucha contra el problema que él o ella padece y que está dañando la relación. Aquí a quien debo aniquilar es al problema, no a mi pareja. Por simplista que parezca este cambio de percepción genera más posibilidad de resolver la situación, ya que hace de la pareja un equipo aliado.
  3. Capacítense y pidan ayuda.
    A muchos parece avergonzarles pedir consejo o ayuda para salvar su relación matrimonial. Los humanos somos extraños, no nos apena solicitar ayuda para reparar el automóvil o la computadora, pero rehusamos pedir apoyo para fortalecer o salvar nuestro matrimonio, lo cual, obviamente, es mucho más importante que cualquier bien que poseamos. A las parejas les recomiendo leer buenos libros sobre relación matrimonial, asistir a conferencias y seminarios que ofrecen instituciones sociales, educativas y religiosas y pedir ayuda a consejeros y terapeutas profesionales. Nuestra única capacitación para convivir como pareja es lo que cada uno aprendió inconscientemente en su familia, lo cual no siempre es el modelo ideal de relación conyugal.
  4. Sean sinceros al platicar
    He encontrado que algunas personas, con tal de mantener la paz o de evitar un conflicto, ocultan a su pareja la verdadera opinión que tienen respecto a cierta cuestión. Sí, muchos temen a los desacuerdos y en aras de mantener la armonía renuncian a expresar sus ideas o defender sus deseos o puntos de vista.

    Esta actitud es una bomba de tiempo silenciosa. Quien no se atreve a expresar lo que cree y quiere con el fin de no generar una discusión, está destinado o destinada a convertirse en esclavo de alguien que desconoce que es su amo o ama. Además, toda persona tiene un límite y tarde o temprano se cansa de vivir en una relación en la que siempre pierde, o para ser más exactos, en la que ha decidido perder. Cuando llega a ese límite su agotamiento, rencor y coraje es tal que sólo ve como alternativa terminar la relación. La solución descansa en ser valiente y defender y expresar sus deseos y opiniones a pesar de que exista la posibilidad de producir una discusión. Hablar las diferencias es la única alternativa que poseemos para entender al otro y llegar a nuevas soluciones o a un acuerdo. En palabras populares podemos afirmar, “mas vale una colorada que mil descoloridas”.
  5. Oren en pareja
    Una gran pérdida de muchas parejas es la ausencia de oración. Tristemente la mayoría de los matrimonios creyentes se limitan a cumplir los ritos religiosos de su comunidad de fe y se olvidan del tremendo poder, emocional y espiritual, que contiene la oración en pareja. Al decir orar me refiero a platicar con Dios, exponerle con palabras sencillas y ordinarias nuestras necesidades y deseos, así como agradecerle por los favores recibidos y los logros alcanzados. Si usted y su cónyuge se toman cinco minutos diarios para, unidos, poner su familia, trabajo, adversidades y cualquier proyecto en manos de Dios, no sólo pone en movimiento los ejércitos celestiales, también acerca más el corazón de su cónyuge al suyo. No se concentre en hacer largos y mecánicos rezos, ore con su corazón y permita que Dios y su pareja conozcan lo que hay en él.

Rafael Ayala
Conferencista, columnista de diversas publicaciones y diarios, certificado por el Covey Leadership Center. http://www.elexito.com


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