El Padre Zeca, de la Iglesia de la Resurrección en Copacabana, cuenta que estaba en un autobús, cuando de repente escuchó una voz diciendo que debía levantarse y predicar la palabra de Cristo allí mismo.

Zeca comenzó a dialogar con la voz: “me encontrarán ridículo, este no es lugar para un sermón”, dijo. Pero algo dentro de él insistía en que era preciso hablar. “Soy tímido, por favor, no me pidas esto”, imploró.

Pero el impulso interior persistía.

Entonces él recordó su promesa: abandonarse a todos los designios de Cristo. Se incorporó – muriéndose de vergüenza – y comenzó a hablar del Evangelio. Todos escucharon en silencio. Él miraba a cada pasajero y eran raros los que desviaban los ojos. Dijo todo lo que sentía, terminó su sermón y se volvió a sentar.

Hasta hoy no sabe qué tarea cumplió en aquel momento. Pero tiene la absoluta certeza de que cumplió una tarea.

FUENTE: http://www.paulocoelho.com
“Guerrero de la Luz Online, publicación de www.paulocoelho.com.br

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Traducido por Montserrat Mira