Las Seis Sendas de la desmotivación (II PARTE)

La confusión de sentimientos.

¿Alguna vez se ha encontrado triste, cuando realmente lo que tenía era hambre? ¿Alguna vez ha estado locuaz como nunca, cuando realmente estaba nervioso?

La confusión entre sentimientos y sensaciones, el trocar causas y efectos es común al humano. ¿Cómo utilizarlo para lo que nos interesa? Veamos. Ha pasado una magnífica noche. Alcohol y baile. Por la mañana, en el trabajo, siente una punzada contumaz en la cabeza. Es este maldito trabajo que me va a matar. No se merecen mi tiempo. No me dejan ni dormir.

Como senda de desmotivación no es que sea apropiada, es que es casi inevitable en algún supuesto. Lo que Ud. debe hacer es exponerse al riesgo. Beba, coma con desmesura, duerma poco, intente acudir al trabajo en condiciones físicas precarias. Llegue siempre bien discutido. Después confunda sentimientos y responsabilidades. Asigne el sueño a la depresión, ésta al desamor y, a la postre, todo al trabajo, la gran maldición divina.

Es pues, apropiado como procedimiento, salvo que esté Vd. dotado de ese escarpelo crítico, de esa visión certera que a determinadas personas impide cometer ciertos errores. Si eso es así, si es Vd. incapaz de confundir el hambre con las ganas de comer, el valor y el precio, el hastío y la tristeza, la pasión y la emoción éste no es su camino. Es más, creo que difícilmente logrará nunca desmotivarse.

La demonización de la estructura.

Más que una senda es un punto de llegada. Si lo ha conseguido Vd. no debe continuar leyendo. Ha logrado la mejor de las desmotivaciones.

Cuando se demoniza a la Empresa, se han superado ya todas las misericordias. Debe Vd. recordar cuántas veces le concedió un voto de confianza, cuántas veces le defraudó a Vd., de qué forma despiadada le ha venido maltratando. Y un buen día llega al convencimiento de que nada bueno puede venir de ahí, que si alguna vez le da liebre será por gato. Es algo perverso en sí mismo, imposible de mejorar, incapaz de una sola acción correcta. Si alguna vez hace algo bueno, habrá sido por error.

Como proceso de desmotivación es perfecto. No se colabora con lo que se odia. Como riesgo principal cabe señalar el ánimo ponzoñoso que le quedará, que le impedirá disfrutar de las ventajas de la operación, que le puede tener recomiéndose por los rincones.

Realmente, como supuesto cualificado del proceso de confusión de sentimientos que es, cabe señalar aquí todas los peros antes expuestos. Es imposible de abordar para alguien que disponga de una cierta ecuanimidad en los juicios.

La crisis vocacional.

¿Ha pensado Vd. que está desperdiciando su vida con lo que hace? Imagínese viajero incansable, deportista profesional, rentista rico, escritor famoso. Puede ser que siempre quiso trabajar en lo que hace pero un buen día puede darse cuenta de que estaba equivocado, y preguntarse cómo había podido estar tan ciego.

Aproveche las crisis de los cuarenta, o la de los cincuenta, o la adolescencia. Aprovéchelas para potenciar o desencadenar el fenómeno. Puede ser, además, complementaria del desplazamiento focal, con magnífico resultado.

Esta senda le proporcionará la laxitud, la melancolía, un estar y no estar, un aire ausente, una entrega estética a la tarea, un distanciamiento lánguido de elegancia exquisita. Puede ser que la propia Empresa llegue a comprenderlo, a poner medios, a ampararlo en la adversidad. Si, a pesar de ello, Vd. permanece habrá logrado el camino perfecto.

Un único reproche puede realizarse a este procedimiento: su inestabilidad. La crisis, amenaza y oportunidad, acabará siendo la puerta de algo y, en cualquier momento se puede Vd. encontrar de capitán de barco, de conferenciante profesional, eso sí, totalmente motivado.

Hasta aquí el panfleto. Pensé que debía tomarme el asunto en serio. Anoté en mi agenda, para dentro de seis meses, mi cita con el gabinete desmotivador. Abrí una hoja de cálculo para registrar mis progresos.

Establecí un indicador, consistente en número de tareas eludidas dividido por tareas obligadas. Establecí otro indicador consistente en número de conflictos producidos, partido por relaciones sociales posibles. Abrí otro indicador, para determinar el impacto económico negativo de mis progresos en la cuenta de resultados de la Empresa. Todo ello cualificado por la senda elegida en cada caso.

Estuve todo el domingo estudiando la cuestión. Al final me di cuenta de que estaba fracasando en mis propósitos. A lo mejor, dentro de seis meses consigo hacerme recibir en el Gabinete Desmotivador. Entre tanto, y como primer progreso iré dando final a este artículo.


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