La mentira y la efectividad

Normalmente aceptamos que las relaciones interpersonales, en una sociedad civilizada, contengan cierta dosis de engaños (dobles mensajes, ocultar nuestros verdaderos sentimientos, olvidar cuestiones cruciales, etc...). Por ello, además de las mentiras flagrantes, están también las medias verdades, o las llamadas "mentiras sociales".

Las pequeñas mentiras, que tan habitualmente se emplean en las relaciones sociales, funcionan como "lubricantes del engranaje social". Al silenciar ciertas cosas incorrectas, en el actuar de otras personas, permitimos que las relaciones sociales fluyan. El tacto, o la "reacción discreta e inteligente", nos obliga también a no denunciar la falta de sinceridad que percibimos.

Las mentiras sociales cumplen determinadas funciones. Las mentiras inocentes, las que se dicen por ejemplo para librarse de una invitación no deseada, tienen la intención de no dañar los sentimientos de otras personas. Así también, existen otras mentiras que tienen como objetivo mantener nuestra imagen social. Se las conoce como mentiras de "auto-presentación" y representan el intento de mostrarnos un poco más bondadosos, sensibles, inteligentes y altruistas de lo que en realidad somos.

Solemos pasar por alto las mentiras sociales de nuestros familiares, amigos o conocidos, ya que llamar la atención sobre ellas sería considerado como una falta de tacto. Del mismo modo, también alentamos tacitamente las mentiras ajenas - en virtud de un acuerdo social implícito según el cual, sólo veremos aquello que se supone que debemos ver - dejando lo que no se puede ver, fuera del marco de la situación.

Si no existiera el acuerdo de atenernos a estas reglas, se destruiría la apariencia de consenso que regula nuestras interacciones cotidianas, fomentando - qué duda cabe - el resentimiento.

Las mentiras sociales sólo pueden cumplir adecuadamente con su función de "lubricante social", cuando son recibidas con una discreta desatención. La relación directa nos ofrece la oportunidad de detectar esta clase de mentiras, observando por ejemplo, las contradicciones entre lo que alguien nos dice y los diferentes aspectos de su conducta.

La persona que sabe cuando tiene lugar una mentira y conoce además lo que experimenta el otro, tiene una percepción más exacta del funcionamiento del mundo interpersonal. Pero tal vez, lo que resulta adecuado en determinadas circunstancias para comprender las claves interpersonales y sociales, deje de serlo en otras.

El costo social de quienes prestan una atención excesiva a los deslices, rompiendo de ese modo el acuerdo social básico, suele ser la infelicidad. Esto podría explicar la paradoja - muy frecuente en el campo de la mentira social - de quienes ven y dicen francamente lo que sienten. Aunque lo mismo pueden estar sintiendo los demás, son ellos quienes pagan un elevado precio.

Las pequeñas mentiras son modalidades inocentes - y hasta a veces bien intencionadas - de la mentira social. Es una forma de proteger la estructura que hace posible la vida social armoniosa. Pero la misma dinámica, puede operar en el ocultamiento de hechos que no son tan "inocentes". Lo que comienza siendo una pequeña mentira, puede terminar derivando en usos sociales ni tan inocentes ni tan bien intencionados.

Si bien es cierto que "todo lo que podemos hacer por la humanidad es alentar la verdad", ya sea ésta dulce o amarga, la forma de exponerla es un asunto delicado. Cuando la verdad desgarra los velos que nos mantienen a salvo de la información dolorosa, la exposición a la verdad puede ser aún más dolorosa.

Invitación especial: Invitamos a todos los interesados a enviarnos un e.mail a evento@efectividad.net con una interpretación, conclusión final, o simplemente un breve comentario sobre este tema (no más de diez líneas por favor). Presentaremos todos los mensajes que recibamos, en el nuevo foro de Efectividad.net.

Quizás, quieras tomar alguna de las siguientes preguntas para orientar tu comentario: ¿Cuál es la relación entre la efectividad y la mentira? Cuando mentimos, ¿somos efectivos? Cuando detectamos que alguien nos miente, ¿cómo debemos reaccionar? Un líder... ¿puede mentir? ¿Hasta qué punto debemos "jugar el juego" de las mentiras inocentes, insignificantes, o las llamadas mentiras piadosas? ¿Cuál es el equilibrio lógico entre la negación y la verdad? ¿Es efectivo decir abiertamente todas las verdades.

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