La gran mayoría de las tradiciones espirituales existentes en las Américas antes de la llegada de Colón, han conseguido - ¡milagro de milagros! – preservar sus raíces. O sea, fueron más fuertes que las civilizaciones existentes en su territorio, que pronto sucumbieron a sus conquistadores. Entre ellas, el chamanismo mexicano, aún practicado por muchas tribus locales, es una de las más estudiadas; diversos antropólogos hicieron serios estudios sobre la manera como los hechiceros entendían la presencia de Dios y la búsqueda espiritual. A continuación, detallo algunos de los aspectos de esta comprensión del universo, obtenidos de diversas fuentes:

1) La ausencia de la historia personal. Para que los ritos mágicos consigan pasar de generación en generación, el hechicero, o chamán, debe olvidar todo aquello que aprendió antes de iniciarse en la magia. Según la tradición, un hombre o una mujer preso a su pasado termina dejándose gobernar por la manera de pensar de sus padres o de la sociedad en que vive, Por eso, todo iniciado escoge un nuevo nombre y procura desprenderse de los recuerdos, buenos o malos.

2) El proceso de olvido. Para poder abandonar la historia que vivió, el hechicero pasa meses seguidos recordando en los menores detalles cada uno de los sucesos de su vida. Algunas tradiciones piden que pase largas horas contando en voz alta ante un vaso lleno de agua todo lo que sucedió en cada encuentro con cada persona; así la experiencia sale de la memoria y se va al agua – que después es arrojada a un río. De esta manera la cabeza queda vacía, y puede comenzar a ser llenada con nuevas cosas.

3) El silencio interior. Una vez libre de sus pensamientos antiguos, el hechicero se concentra en el silencio interior, y espera que los espíritus comiencen a contar la verdadera historia del Universo. Este silencio, junto con la ausencia de recuerdos pasados, proporciona al hechicero la sensación de libertad total que necesita para entender un mundo nuevo.

4) La tela. Cuando comienza a entender su nuevo universo, él entra en una especie de trance y “ve” que todo a nuestro alrededor es una gigantesca tela de filamentos luminosos, totalmente unidos – o sea, que todo es una cosa sola, y forma parte de la misma energía. A veces, estos filamentos luminosos se condensan bajo la forma de huevo, lo que significa que allí está el alma del ser humano (Carlos Castañeda explica bien esta visión en su libro “Una extraña realidad”).

5) El encuentro con el poder. Contemplando a su propio huevo de luz, el hechicero nota un punto, que debe encajarse con los filamentos luminosos capaces de conducir la energía del poder. Esta energía, aun cuando pueda ser usada por el hechicero, no puede ser manipulada; él tiene que saber conducirla suavemente para su aprendizaje.

Aproximarse a este punto de encaje es el trabajo más difícil de la iniciación y exige silencio, meditación y perseverancia.

6) La energía negativa. Algunos de estos hilos de luz conducen fluidos destructores, emitidos por otros hechiceros, que no buscan el conocimiento, sino el control de las almas ajenas.

7) El “acomodador”. Existe siempre un acontecimiento en nuestras vidas que es el responsable por el hecho de que hayamos detenido nuestro progreso. Un trauma, una derrota especialmente amarga, una desilusión amorosa, termina haciendo que nos acobardemos y no sigamos adelante. El chamán, en su proceso de olvido de su historia personal, necesita librarse en primer lugar de este “punto acomodaticio”.

Para los hechiceros mexicanos (y, curiosamente, también para algunas corrientes budistas), la muerte entra por la región próxima al ombligo. En este momento el “huevo de luz” se deshace y los filamentos que estaban allí concentrados se mezclan con la energía del universo, hasta reagruparse de nuevo bajo una forma diferente.

FUENTE: http://www.paulocoelho.com
“Guerrero de la Luz Online, publicación de www.paulocoelho.com.br

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Traducido por Montserrat Mira