El Alma también Llora

Para comprender a cabalidad el funcionamiento del ser humano, es indispensable vislumbrar que se trata de un ser integral compuesto de cuerpo, alma y espíritu, partes que conforman un todo y que tienen una función específica. Por eso, antes de comprender las razones que lo llevan a actuar de determinada manera, hay que conocer a la perfección cada una de estas partes, que tienen relación directa con la vida de una persona.

Identificar el cuerpo es sumamente sencillo porque con él se convive conscientemente a diario, mientras que para reconocer el alma y el espíritu suelen presentarse confusiones, pues para la mayoría tienen el mismo significado y obviamente quienes así lo afirman, están cometiendo un grave error.

El alma, por su parte, está compuesta de los sentimientos y la razón, muchas veces entra en conflictos por las diferencias existentes entre el pensamiento y los sentimientos, es ahí cuando la voluntad cumple la función de intermediaria. Esos momentos en los que las personas sienten la necesidad de hacer algo y en el fondo saben que no deben, es cuando se produce ese choque.

Por su parte, el espíritu es la esencia del hombre, su verdadera naturaleza. Es todo lo que el ser humano puede ser, sin tener en cuenta lo que ha aprendido en su camino por la vida. Lo espiritual puede ser bueno o malo, según el caso.

Aunque son tres partes completamente diferentes, funcionan como un todo. Por eso, muchas veces los dolores del alma se transforman en malestares del cuerpo. Cuando alguien posee en su interior recuerdos de situaciones y de personas que marcaron su corazón en algún momento de la vida y a pesar de quedar en el pasado, siguen latentes y afectan el modo de vivir de las personas, es porque las heridas del alma no se han curado totalmente.

Pero no sólo son aquellas tristezas las que marcan la vida, también lo son las alegrías del pasado, que se traducen en felicidad. El ayer está directamente relacionado con las actitudes que poseen las personas hoy, por esto es necesario reflexionar acerca de las situaciones que causan melancolía y que perjudican las diferentes circunstancias que se presentan a diario. Para que esto deje de suceder, es indispensable identificar todas las heridas del alma; sólo si se reconocen es posible actuar para erradicarlas. No hay que limitarse a consolar un alma que al igual que el ser humano, también llora; es imperativo sanarla.

Rafael Ayala
Conferencista, columnista de diversas publicaciones y diarios, certificado por el Covey Leadership Center


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