El Liderazgo como Función

Escuchamos por todas partes que el mundo actual cambia, que las crisis abundan y que las nuevas generaciones se han ido abandonando en el sin sentido y el no compromiso, y aún así, muchas personas continúan salpicando el liderazgo con una mancha de “suspicacia, falsa moral y hasta esoterismo”

Es precisamente ahora el momento ideal para quitarle esa “luminosidad” de misterio y en parte de “simpleza” con la que se pretende ver uno de los valores humanos que más han aportado a su desarrollo, porque finalmente, es por su interpretación, interiorización y aplicación, que los seres humanos hemos avanzado cuando las crisis llegan y golpean con toda su fuerza nuestra estructura interna, llevando a muchos a perder el sentido y la dirección. Por ello, crear una empresa resulta “relativamente” fácil, pero hacerla grande, rentable, creciente y moralmente sólida, es un reto que no se logra solamente con las nuevas y eficientes herramientas de gestión que abundan; se necesita liderazgo, que no es más que una manera diferente de afrontar e interpretar la vida, sus necesidades, sus cambios y la forma de avanzar fortalecidos en nuestro carácter.

Si revisamos juiciosamente cuales han sido las causas que han llevado a miles de empresas a su éxito o a su fracaso, además de sus habilidades estratégicas de mercadeo o financieras, todas, absolutamente todas han estado inmersas en la forma como quienes las dirigen y quienes avanzan hacia esa dirección, aportan o dejan de aportar valores humanos y principios universales, que al aplicarlos o al dejarlos de usar, generan el orden o el caos, la seguridad o la incertidumbre, la unión o la descoordinación, la entrega apasionada o la pérdida del compromiso y la lealtad, fortaleciendo o fracturando la estructura moral que debe ser poderosa dentro del ser humano para poder vivir y triunfar en sus misiones.

Permítame usted dar un paso al frente y salir un poco de la manera tradicional de interpretar el liderazgo, cuando casi siempre lo relacionamos con gerentes, empresarios o grandes hombres y mujeres que realizaron hazañas inimaginables. En realidad, si damos un vistazo a la historia humana, ésta ha estado acompañada de conflictos, desengaños y reveses; el liderazgo no se encarga de que éstas condiciones desaparezcan. El liderazgo lo que sí le permite al ser humano es enfrentar estos eventos y avanzar con claridad, voluntad y firmeza, ganando la batalla que le exige la vida día a día. Es ahí cuando más se necesita del liderazgo. Cuando usted reconoce que la vida misma requiere ser rehabilitada y entonces busca un cambio; cuando unos padres saben que la grandeza de sus hijos para habitar el mundo de “afuera” proviene de la fuerza de su carácter, que es, su mundo interno; cuando alguien traza para su vida un propósito y sabe que tiene que avanzar a través del camino sin renunciar hasta lograrlo, empleando la fuerza de su voluntad. De eso se trata el liderazgo, de autogobernarnos antes que dirigir a otros, de aprender a decir “no” cuando hay que decirlo y de reconocer que no es una opción en el camino sino una clara función que le dará grandeza y sentido a la vida, para luego si, dirigir empresas, familias, comunidades o países, pero en especial, para conducirnos hacia destinos mejores, porque nadie querrá seguir a quien demuestra fragilidad en su carácter desconocimiento y pérdida de dirección. El liderazgo no reemplaza la administración, la complementa, como tampoco el liderazgo es el ADN de la vida, pero sí le da significado, voluntad, acción, destino, cambio y trascendencia.

William Ramos Pardo
Conferencista, especialista en programas de Liderazgo y Coaching


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