¿Y dónde quedó el niño? - Parte II

Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.
- Anónimo

Al observar los ojos de un pequeño niño podemos entrar a un mundo maravilloso que alguna vez nos tocó disfrutar, pero al que pocas veces hemos regresado desde que nos pusieron la etiqueta de adultos.

Al observar los ojos de un niño nos damos cuenta de que la felicidad plena existe. Puede pasar un terremoto, una guerra, un ciclón, hambre o sufrimiento a su lado y él seguirá sentado en la tierra jugando con un coche o una pelota de colores, como si no pasara absolutamente nada.

¿Qué significa vivir? Vaya pregunta. A lo largo de mi existencia la he meditado hasta el cansancio y lo seguiré haciendo porque siempre hay respuestas nuevas a una misma cuestión. Sin embargo, por el momento puedo afirmar con certeza que vivir es la magia de poder influir y tocar la mayor cantidad de personas posibles en un tiempo determinado. Es ahí cuando la vida toma sabor, sentido.

En definitiva, sin que nos demos cuenta, eso es lo que hacemos de niños. El mundo de un niño es el aprovechar cada minuto, cada instante al máximo como si fuera la última oportunidad para jugar, divertirse, hacer travesuras o estar con los amigos.

Un niño vive en su interior un mundo lleno de paz, tranquilidad, inocencia y amor. Un niño no juzga, no te valora por lo que tienes en tu cuenta bancaria o por los contactos que le puedes ofrecer. Un niño no se estresa por lo que sucede con el gobierno, con la crisis, con las finanzas. Un niño despierta cada mañana, pensando en qué forma se divertirá o cómo la gozará durante el día y nada más.

Un niño no tiene una apretada agenda ni se preocupa por lo que opina la sociedad de él, por los múltiples títulos que puede recibir, por los salarios tan injustos que recibe, mucho menos por quedar bien con todos los que lo rodean. Un niño se dedica a vivir el momento y se acabó.

El claro ejemplo está en su sonrisa. Limpia, sin intereses, sin mentiras, sin actuaciones. Sin querer, un niño suele ser centro de atracción por donde quiera que va.

A veces provoca que algunos adultos nos detengamos para tocarles el cabello, darles la mano, o jugar con ellos con la mirada, con tal de que nos regalen una de esas mágicas sonrisas. Eso es a lo que yo llamo influir en la vida del otro.

Cuando los problemas llegan a nuestra vida, cuando las decisiones se tornan complicadas, cuando parece que todo va en nuestra contra, sería interesante pensar ¿Qué parte de mi vida se asemeja a un niño? pero sobre todo: ¿Qué tanto influyo positivamente en la vida de los demás?

Es difícil salir de nuestra burbuja personal, envuelta de egoísmo, para ver como niños y así vivir al máximo cada instante. El que sea difícil no lo hace imposible, sino mucho más valioso.

Una sonrisa, un “buenos días”, un gesto amable, un comentario positivo, un consejo en el momento, un abrazo, un “te quiero”, un detalle de amor, un “perdóname”, son un excelente inicio para influir en la vida de los demás regalando calidad de vida a extraños y conocidos.

Atrévete a VIVIR la experiencia de influir positivamente el día de HOY en la vida de otra persona. Involúcrate en un mundo de niño donde siempre hay oportunidad de sonreír a pesar de las dificultades que sucedan alrededor.

Todos tenemos la capacidad de ayudar a vivir a otros. No entierres ese regalo maravilloso. Descúbrelo y ponlo en práctica día con día. La siguiente vez que se te acerque un niño pequeño, obsérvalo a los ojos y te darás cuenta de que, realmente, vale la pena sentirse más libres, más tranquilos, con más VIDA.

David Montalvo Treviño
Escritor y conferencista, es "Life Coach" especializado en calidad de vida y practicante en Programación Neurolinguística, certificado en "Coaching" por el Instituto de PNL de Monterrey.

http://www.davidmontalvo.com.mx


Copyright © 2018 - liderazgoymercadeo.com - Políticas de Privacidad
Todos los Derechos Reservados. atencionliderazgoymercadeo@gmail.com