¿Y dónde quedó el niño?

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, y nos convierte en protagonista de nuestra propia historia.
- Patricia Garrido

Cada vez que me pongo a pensar en aquel niño, que vivió la etapa de mi infancia, quisiera regresar a tener una larga charla con él.

No para lamentarme de lo que hice o dejé de hacer, sino para recobrar esa inocencia, esa magia, esa capacidad de asombro por las cosas sencillas.

Me encantaría sentarme en un parque a platicar. Compartirle mis frustraciones, mis ansiedades, mis dificultades, mis supuestos problemas de adulto.

Estoy seguro de que él seguiría jugando con las hojas de los árboles, voltearía a verme y me dejaría callado con una sonrisa, como las que tienen los niños, sinceras y transparentes.

Si le contara las preocupaciones del día a día, ni siquiera me entendería. Para él, en ese momento lo importante sería cuántas torres construiría en su castillo de arena.

Si comenzara a llover, yo trataría de buscar el lugar más seguro para evitar mojarme. Él empezaría a brincar de alegría, buscando la forma para mojarse más y chapotear en los charcos.

Si me topara con ese niño, me podría quedar una eternidad observando la emoción con la que me cuenta sus deseos.

Los deseos de un niño que no tiene límites, que no se preocupa por el que dirán, por el tiempo, por el dinero, por la edad, por los problemas políticos. Un niño que simplemente… SUEÑA.

Como menciona Carlos Devis, no hay nada más increíble que esa capacidad del niño de imaginar que es el campeón de futbol, el rey de reyes, el magnate industrial, el sabio, el artista genial o, sencillamente, la persona más feliz de esta tierra.

Un niño al que no le interesan las estadísticas, la Bolsa de Valores, los reconocimientos, el ISO 9000, los metrosexuales, la globalización o el desempleo. Un niño que simplemente… VIVE.

Un niño que espera con ansia la Navidad , su cumpleaños o el placer de levantarse un domingo por la mañana para ver su caricatura favorita. Un niño que simplemente… DISFRUTA.

Querido lector, si todos tuviéramos la capacidad de vivir como niños, nos olvidaríamos del estrés, la depresión o la tristeza. Entenderíamos que lo que nos pasa tiene que pasar y no hay de qué preocuparse. Hoy es un gran momento para reencontrarnos con ese niño interior, con nuestra propia vida.

Te invito a que coloques una fotografía de cuando eras niño o niña, en tu escritorio de trabajo o habitación. Cuando te sientas ahogado por los problemas o con el mundo encima, sólo dale un vistazo a esa sonrisa que calienta hasta el corazón más frío.

Recuerda a ese niño que vive sin límites y que crea mundos mágicos en su imaginación, donde todo, TODO, se puede realizar.

Si has pasado por circunstancias difíciles anteriormente y las has podido vencer, estoy seguro que hoy no será la excepción. Recuerda que los problemas no cambian, sino la visión con la que los enfrentamos. El ejemplo del niño es la forma más gráfica de explicarlo.

Reencuéntrate con tu propia vida. Piensa como niño. Estoy seguro de que no encontrarás mejor maestro que te enseñe a descubrir la alegría de vivir en las cosas sencillas.

David Montalvo Treviño
Escritor y conferencista, es "Life Coach" especializado en calidad de vida y practicante en Programación Neurolinguística, certificado en "Coaching" por el Instituto de PNL de Monterrey.

http://www.davidmontalvo.com.mx


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