Cosecha tu COSECHA

La inspiración si existe, pero te tiene que encontrar trabajando.
- Pablo Picasso

Abrir las puertas a la imaginación es uno de los mejores regalos que nos podemos dar. La vida, sin pedírselo, nos otorga día a día pequeñas semillas para pensar, imaginar, soñar e idealizar.

Como en el campo, algunos nos damos a la tarea de sembrar esas semillas y regarlas para, con paciencia, convertirlas en un fruto mágico y especial, otros, simplemente las ven cómo caen a la tierra (léase: mente) como si fueran piedras sin ningún fin ni sentido.

Los campesinos mexicanos que he conocido en mi vida siempre se han caracterizado por su temple, trabajo, esfuerzo y por estar a plena luz del sol trabajando la tierra, inclusive transpirando, pero con alegría.

Me comentaba uno de ellos que en ese oficio no existen horarios, no existen: “al rato lo hago”, “no tengo tiempo”, “cuando ande de mejor humor”. Se hacen las cosas en el momento, porque así lo pide desde el dueño del campo hasta la misma ley natural.

La cosecha que después disfrutamos en deliciosas ensaladas de vegetales frescos fue previsualizada por un hombre a muchos kilómetros de la mesa. Sin embargo, a pesar del cansancio, la pereza o el desánimo, no sólo la observó en su mente, sino que trabajó para que esas semillas dieran el fruto esperado. Ahí radica la diferencia entre jornaleros por la paga y jornaleros por el fruto.

Estoy seguro que si un día llegase al campo, un importante hombre de negocios, graduado en Harvard, con conocimientos exorbitantes y se le pidiera que trabajara la tierra, sembrara, regara, cuidara, cosechara y obtuviera el fruto, por más IQ que tuviera, si no actuaba, simplemente no iba a tener el mismo resultado de un campesino. Sus ideas y entrenamiento importaban, sin embargo, no eran determinantes para lograr su objetivo.

Lo mismo pasa en la vida diaria. Las cosas no suceden por arte de magia o como decimos en mi pueblo: “No podemos esperar que nos caiga el pan del cielo”.

Podemos escribir una enciclopedia de miles de tomos que hablen de cada una de nuestras ideas, pero si no se llevan a la acción, es como si tomáramos un cerillo y les prendiéramos fuego.

La preparación es necesaria, la inspiración desde luego es un detonante maravilloso para el logro de nuestros objetivos. Podemos desear o soñar con ser grandes terratenientes, poseedores de tierras y cosechas, pero si no somos capaces de colocar un sombrero en nuestra cabeza, tomar una pala, un pico, un azadón, poner nuestros pies en la tierra y empezar a trabajar, la preparación y la inspiración se irán a saco roto.

Lo que define a las personas exitosas es precisamente HACER que sucedan las cosas. Inclusive traté exhaustivamente este tema en mi anterior libro “Prende tu luz”, porque realmente no sólo me lo han platicado, sino que lo he vivido en carne propia.

Cantidad inimaginable de correos electrónicos, de llamadas o de conversaciones que tengo con otra cantidad inimaginable de personas que me dicen: “Quiero escribir un libro”, “Quiero ser cantante”, “Quiero obtener una beca”, “Quiero tener mi propio negocio”. Quiero, quiero, quiero y todos nos quedamos queriendo.

Mi respuesta a esos comentarios es siempre la misma: “HAZLO y listo”. Y ahí es cuando inicia la lista de pretextos llamados: “Ah no, bueno, pero en unos años más”, “Es que ahorita no puedo, no tengo tiempo ni dinero”, “Es que está imposible que se pueda”, y es el cuento de nunca acabar.

Se oye fácil, pero es una realidad palpable. Si realmente QUEREMOS Y DESEAMOS en el fondo de nuestro corazón cosechar esos frutos llamados sueños cristalizados, hay que ponerse a sembrar, no hay de dos sopas.

En este día, no es casualidad que estés leyendo esto. Te pido con el corazón en la mano, que realmente te des unos minutos para pensar: ¿QUÉ DESEO?, ¿QUÉ QUIERO?, ¿QUÉ ME HACE FELIZ?. Y después te cuestiones: ¿QUÉ ME DETIENE?

Si para ti, siendo honesto y sincero con tu propia realidad, realmente esos “obstáculos” son más fuertes que tus deseos, tal vez el camino no va por ahí. Y si no, te invito a que por una vez por todas hagas que las cosas sucedan, dando el primer paso para alcanzar lo que buscas.

No me quisiera despedir sin contarte una pequeña historia humorística que nos hace darnos cuenta de la diferencia entre tener una idea y crear una realidad.

Esta es la historia de cinco ranas, una de las cuales decidió saltar.

¿Cuántas ranas quedan?

¿Cuatro? No. Quedan cinco. La rana sólo decidió, pero no saltó.

La vida te dará las ideas y las oportunidades. La felicidad se encontrará cuando trabajemos para realizar todo aquello que deseamos. Si lo hacemos, estoy seguro de que un día nos sentaremos al final de la vida a observar, plenamente felices, nuestra propia y abundante cosecha.

David Montalvo Treviño
Escritor y conferencista, es "Life Coach" especializado en calidad de vida y practicante en Programación Neurolinguística, certificado en "Coaching" por el Instituto de PNL de Monterrey.

http://www.davidmontalvo.com.mx


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