Cuatro Aviones en un Hospital

La primera obligación del hombre es ser feliz, y la segunda, hacer felices a los demás.
- Mario Moreno “Cantinflas”

Una tarde me encontraba en la cafetería de un hospital merendando un exquisito pastel de chocolate cuando, de repente, me vi sorprendido por 5 personajes.

Un padre con un rostro desanimado había arribado con sus 4 pequeños hijos. Trataba de jugar y hacerlos reír un poco. Los dejó justo en la mesa detrás de mí y me dio la encomienda de cuidarlos mientras se ausentaba.

Por dentro, reaccioné en automático: ¿Por qué yo, habiendo tantas señoras en la cafetería con más espíritu de mamá?, ¿O acaso tengo cara de niñera?. Estaba pensando en mis pendientes, en el tiempo, en todo, cuando, de pronto, me cuenta lo que pasaba…

“Mi esposa está muy grave unos cuantos pisos arriba. Por supuesto que ellos no saben, ojalá les pueda cuidar mientras vuelvo”.

Se me hizo un nudo en la garganta y me sentí desarmado, debo admitirlo. Mi agenda se borró por completo, me olvidé de mis cosas y con un gusto enorme acepté la oportunidad de ser útil.

Aunque traté de utilizar unos cuantos recursos para hacerles pasar un mejor rato, no necesité de mucho esfuerzo. Al contrario, ellos eran los que me estaban dando una verdadera lección de lo bello que es vivir con alegría.

El niño mayor, de 8 años, organizaba juegos a los otros tres. Corrían, saltaban y hasta jugaban a las escondidas por todo el lugar. Yo estaba sorprendido.

De repente, una de las integrantes del grupo decidió hacer un avión de papel, los demás siguieron su ejemplo y organizaron su propia competencia ahí dentro del restaurant. Los meseros les servían sólo unas malteadas y no podían dejar de sonreír al verlos.

¡Qué paradoja de la vida! En el primer piso, cuatro aviones de papel vuelan por el impulso de cuatro niños que sonríen, que disfrutan, que gozan el instante. Unos pisos arriba se encontraba un hombre frente a una cama de hospital con el dolor que significa perder a su la compañera de su vida.

John Milton afirmaba que nosotros podemos hacer de nuestra vida un cielo o un infierno. Todo depende de la visión con la que afrontamos lo que nos sucede.

Quise poner a prueba esa teoría. Esa misma tarde me dediqué a visitar los pasillos donde se encontraban los enfermos más graves del hospital. Platicando con los familiares me di cuenta de la gran diferencia de mentalidades.

Por un lado estaban los que externaban comentarios como: “Qué injusta es la vida”, “Dios no nos escucha”, “El hospital es de lo peor”. Caras largas, rostros amargados, resistencia a la voluntad de Dios y una mala vibra que se sentía tan sólo te acercabas.

En la contraparte, llegué a tener conversaciones de larga duración, con personas que a pesar del sufrimiento, del dolor y de la adversidad, denotaban un rostro de paz, de tranquilidad y de confianza en Dios, que hasta gusto te daba estar con ellos.

De su boca salían sólo comentarios como: “Todo sucede por una razón”, “Esto ha unido a nuestra familia”, “Nunca habíamos valorado tanto la vida”, “Es difícil, pero tenemos que ser fuertes”, “Dios nunca nos abandona”.

Estoy seguro de que aunque hayan tenido los mismos resultados, lo que se van a llevar de aprendizaje en su corazón será muy diferente.

Lo importante no es lo que nos sucede, sino cómo reaccionamos frente a lo que nos sucede. En momentos de crisis es cuando se mide de qué está hecho el hombre.

Al cambiar nuestra forma de reaccionar frente a la crisis, alejándonos de la negatividad, no perdemos nada y, al contrario, ganamos una paz interior que cuatro niños dentro de un hospital me hicieron experimentar.

David Montalvo Treviño
Escritor y conferencista, es "Life Coach" especializado en calidad de vida y practicante en Programación Neurolinguística, certificado en "Coaching" por el Instituto de PNL de Monterrey.

http://www.davidmontalvo.com.mx


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