Al mal paso… uno bueno

Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo.
-Thomas Alva Edison

En estos momentos voy a tratar de imitar las cualidades extraordinarias del comediante mexicano Chespirito, cambiando el viejo y conocido refrán: “Al mal paso, darle prisa”, por algo más sano y más humano: “Al mal paso… uno bueno”

No se trata de confundir a mi querido lector sobre las andanzas respectivas de cada uno, sino de evitar el martirio, la agonía y el sufrimiento (se escucha fuerte y para muchos así lo es) que vivimos cada vez que se nos presenta una situación difícil.

Somos especialistas en ser víctimas de los problemas. Comentarios como: “Sólo me pasa a mí”, “La vida la trae en mi contra”, “Con mi mala suerte, mejor ni me levanto de la cama”, me llegan seguido en correos electrónicos o sesiones de consultoría.

Lo más interesante de esto es que existen personas que no sólo lo sufren, sino que desean ardientemente que los demás sufran con ellos, contando por donde quiera que van sus situaciones más desagradables, creando monumentos a la negatividad o convirtiéndose en ellos.

Pareciera que estamos acostumbrados a ver los malos ratos o los problemas como culpa del destino o como si fuera un sorteo de “quién la pasará peor en la vida” y nos autoconcedemos el primer lugar.

Dar un mal paso o tomar una decisión que nos da un resultado que no esperábamos es simple y sencillamente eso, un resultado. Caminar en el lugar equivocado, pensando que cometimos un error, no nos hace menos humanos, menos valiosos, más tontos o incultos.

Como menciona Wayne Dyer: “No tienes problemas, sólo piensas que los tienes”. Estoy seguro que muchos al leer esto están saltando o profiriendo frases como: “No es cierto”, “He vivido miles de problemas en mi vida y claro que existen”.

Las dificultades existen. Las situaciones no cambian. Nosotros no podemos cambiar a los demás, si el otro no se atreve a hacerlo. Entonces, ¿qué podemos hacer? La solución no es borrar lo que nos molesta o eliminar a la gente que no podemos ver ni en acuarela, sino en cambiar el lente con el que observamos las cosas.

No hay mejor aprendizaje que darnos cuenta cómo NO hacer las cosas. Los malos pasos o los erróneamente llamados fracasos pueden ser nuestras mejores experiencias si nos damos la oportunidad.

Cuentan que un vendedor de zapatos enviado por su jefe fue a vender zapatos lejos de aquella ciudad. El jefe pidió que le enviara un telegrama con información sobre las perspectivas de trabajo. El vendedor llegó a la ciudad y vio que todas las personas andaban descalzas y envió este telegrama: "Todos andan descalzos. No necesitan zapatos. Malas perspectivas".

El jefe envió a otro vendedor a otra ciudad igualmente lejana pidiendo respuesta. El vendedor respondió con este telegrama: "No tienen zapatos. Venderemos muchos. Muy buenas perspectivas".

Lo mismo sucede en nuestra vida. Al mal paso… no darle prisa para sufrirlo cuanto antes, sino antes de eso darle un paso bueno. Un paso bueno que se traduce en regalarnos un tiempo para reflexionar ¿Para qué estoy viviendo este momento?, ¿En qué me puede servir?, ¿Qué puedo aprender?

No hay fracasos, sólo resultados. Si no es el resultado que esperabas, estoy seguro de que no es Dios ni la vida que la traen contra ti, sino que te están regalando la oportunidad para que descubras otras cosas que tal vez no te habías dado cuenta y que te servirán en el futuro.

Date cuenta de lo que sucede cuando, tras un mal paso, rectificas el camino y das uno bueno y firme.

David Montalvo Treviño
Escritor y conferencista, es "Life Coach" especializado en calidad de vida y practicante en Programación Neurolinguística, certificado en "Coaching" por el Instituto de PNL de Monterrey.

http://www.davidmontalvo.com.mx


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