El Poder de la Autoestima

Desde antes de nacer y luego a partir del nacimiento, los seres humanos somos influídos poderosamente por el ambiente que nos rodea, y muy especialmente por las figuras de autoridad que tienen la misión de enseñarnos y socializarnos. Son ellos, muchas veces sin saberlo, quienes estimulan la percepción que creamos acerca de nosotros mismos; nuestra autoimagen. Es así como, si somos considerados y tratados como seres especiales, inteligentes, completos, suficientes y aptos, tendremos un desempeño positivo en el mundo, ya que actuaremos desde la idea de "sí valgo", "sí puedo", "sí merezco".

Por el contrario, si no tenemos la fortuna de vivir junto a padres u otros familiares conscientes que nos brinden un trato respetuoso y amable, es alto el riesgo de que maltrato y desvalorización por delante, arribaremos a la conclusión de que valemos poco, de que como humanos somos incompletos o insuficiente para enfrentar los retos cotidianos, o de que nunca logramos complacer y ganarnos el amor de quienes nos rodean. Y ya que erramos al pensar que lo que hacemos es igual a lo que somos, no es extraño que de adultos funcionemos como seres limitados, de rendimiento mediocre, y con ideas sobre nosotros mismos, como seres de poca valía, capacidad y merecimiento. El resultado: una marcada tendencia a vivir desde el miedo y la inseguridad, a vivir desde la baja autoestima.

Una persona que ha sido amada y bien recibida en este mundo, reflejará esa aceptación externa en forma de amor propio, de autoestima alta. Sus tendencias de comportamiento más visibles tenderán hacia la alegría, la flexibilidad, la armonía, la creatividad, la expresividad y la autenticidad.

Como contraste, las personas que no han sido valoradas, lo reflejarán en cada uno de sus días. Su tendencia es la de actuar de forma inconsciente, depresiva, rabiosa, enfermiza, rígida, dependiente, conflictiva, irresponsable, inexpresiva, rutinaria, quejumbrosa e imitativa.

Esa cualidad que llamamos autoestima, tiene varias acepciones posibles. Por un lado muestra el estado de armonía energética que tiene una persona, y que permite que todo el organismo opere de manera organizada, estable y equilibrada. Cuando estamos de malas con nosotros, el cuerpo habla y muestra con síntomas el desbalance interno. También, la autoestima se refiere al juicio que una persona hace de sí misma, y el grado de aceptación y valoración que cada quien se ortorga. Las crisis de autoestima suelen presentarse típicamente con sus consecuencias más comunes: enfermedad, conflicto e improductividad.

Desde esta perspectiva, como afirmo en mi libro "Autoestima en palabras sencillas", tener una alta autoestima significa, utilizando un concepto simplificado, la capacidad de usar nuestros recursos para generarnos de manera consciente una vida alegre, armónica y productiva. Si no hay alegría, es porque nuestras interpretaciones de los eventos de nuestra vida son limitantes. Si no hay armonía, es porque nuestra inconsciencia, y nuestros temores y culpas, nos inducen a crear y sostener vínculos caóticos. Si no hay productividad, es porque no confiamos en nuestras capacidades y no desplegamos los talentos y dones de que disponemos todos los mortales.

A diferencia de lo que algunos han pensado y proclamado, la autoestima nada tiene que ver con creerse superior a los demás, actuar desde la vanidad o coleccionar logros, honores o títulos académicos. Toda necesidad de figuración, todo juego del tipo "soy más o mejor que tú", refleja una necesidad insatisfecha de afecto y reconocimiento, igual como ocurre con la envidia o los celos desmedidos. El camino hacia la autoestima tiene, a mi entender, tres niveles esenciales: conocerse, aceptarse y valorarse. Dicho de otra forma, conciencia de uno mismo, aceptación de uno mismo y confianza en uno mismo.

Conciencia de uno mismo implica una revisión de capacidades y talentos; descubrir nuestros potenciales y usarlos para satisfacer nuestras necesidades físicas y psicológicas. Aceptación significa renunciar a la tendencia de compararse y, en vez de eso, optar por la búsqueda de un ritmo y un estilo personal de vida que deja atrás la fase de crianza basada en la imitación y en el tener que parecernos a padres maestros o amigos. Confianza significa, creer que poseemos lo necesario para salir adelante, para actuar de manera inteligente y efectiva o, en todo caso, la capacidad para aprender de los errores y evolucionar.

El desarrollo de una autoestima fuerte y sana, no es algo sencillo o rápido. Es un proceso extenso y permamente que os obliga a esta atento a nosotros y al mundo exterior, para atendernos y a la vez adaptarnos creativamente a los contextos de los que formamos parte, como miembro de una pareja, una familia, una empresa o una sociedad.

Vivir desde la autoestima es vivir bajo la premisa de que soy un ser apto, valioso y digno, y desde la certeza de que los demás también lo son. Que el poder real de una persona brota de su centro y no es obra de su raza, profesión, apellido o credo. La autoestima es, además el centro de todo el accionar humano, pues como estemos adentro, así estaremos afuera. Nadie pude beber de un vaso que está sucio o peor aún ... Vacío. Gracias por leerme.

Renny Yagosesky
Licenciado en Comunicación Social. Escritor de 5 libros de Autosuperación y Asesor de Imagen especializado en Comunicación


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