El Guerrero de la luz y sus Contradicciones

Tomar la decisión de seguir la luz
El guerrero de la luz empieza a pensar que es mejor seguir la luz. Él ya engañó, mintió, se desvió de su camino, cortejó las tinieblas. Y todo siguió saliendo bien, como si no hubiera pasado nada. Pero ahora quiere cambiar sus actitudes.

Al tomar esta decisión, oye cuatro comentarios: “siempre has actuado de forma errada. Eres demasiado viejo para cambiar. No eres bueno. No lo mereces.”

Entonces mira al cielo. Y una voz le dice: “bien, querido mío, todo el mundo ha cometido errores. Estás perdonado, pero yo no puedo forzar este perdón. Decídete.”

El verdadero guerrero de la luz acepta el perdón, y empieza a tomar algunas precauciones.

Un nuevo paso en falso
Como nada cambia de la noche al día, el guerrero da un nuevo paso en falso y se lanza una vez más al abismo. Los fantasmas lo provocan, la soledad lo atormenta. Como ahora es más consciente de sus actos, no pensaba que pudiera volver a suceder esto.

Pero sucedió. Envuelto en la oscuridad, se comunica con su maestro.

"Maestro, he caído de nuevo en el abismo,” dice. “Las aguas son profundas y oscuras.”

Recuerda una cosa,” responde el maestro. “Lo que ahoga no es la zambullida, sino el permanecer bajo el agua.”

Y el guerrero emplea el resto de sus fuerzas para salir de la situación en la que se encuentra.

Entender el sentido de la tregua.
Un guerrero de la luz no se limita a repetir siempre la misma lucha. Si, después de algún tiempo, el combate sigue sin avances ni retrocesos, comprende que hay que sentarse con el enemigo y buscar una tregua.

Ambos ya practicaron el arte de la espada, y ahora necesitan entenderse. Es un gesto de dignidad, no de cobardía. Es un equilibrio de fuerzas, y un cambio de estrategia.

Trazados los planes de paz, los guerreros vuelven a sus casas. No necesitan demostrar nada a nadie. Libraron el buen Combate, y mantuvieron la fe. Cada uno cedió un poco, aprendiendo así el arte de la negociación.

Tener cuidado con los comentarios
Un guerrero sabe que las tinieblas utilizan una red invisible para extender su mal. Esta red atrapa cualquier información suelta en el aire, y la transforma en intriga. Todo lo que se dice de alguien acaba siempre llegando a los oídos de los enemigos de esa persona, aumentado por la tenebrosa carga del veneno y la maldad.

Por eso el guerrero, cuando habla de las actitudes de su hermano, imagina que éste está presente, escuchando lo que dice. Así, desarrolla el arte de la prudencia y la dignidad.

Y se acerca cada vez más a la luz que entró por su ventana, y que ahora ilumina toda su alma.

Amor y combate
El guerrero de la luz a veces lucha con aquél a quien ama.

Aprendió que el silencio significa el equilibrio absoluto del cuerpo, del espíritu y del alma. El hombre que preserva su unidad, jamás será dominado por las tempestades de la existencia; tiene fuerzas para superar las dificultades y seguir adelante.

Sin embargo, muchas veces se siente desafiado por aquéllos a quienes intenta enseñar el arte de la espada. Sus discípulos lo incitan al combate.

Y el guerrero demuestra su capacidad: con unos golpes, tira por tierra las armas de los alumnos, y vuelve la armonía al lugar donde se reúnen.

“¿Por qué haces esto, si eres tan superior?”, pregunta un viajero.

“Porque, de esta forma, mantengo el diálogo”, responde el guerrero.

Soledad y dependencia
Un guerrero, cuando sufre una injusticia, generalmente busca la soledad, para no mostrar su dolor a los demás.

Es un comportamiento bueno y malo a la vez.

Una cosa es dejar que tu corazón cure lentamente sus heridas. Otra cosa es meditar profundamente todo el día, con miedo a parecer débil.

Dentro de cada uno de nosotros existe un ángel y un demonio, y sus voces son muy parecidas. Ante la dificultad, el demonio alimenta esta conversación solitaria, intentando demostrarnos lo vulnerables que somos. El ángel necesita la boca de otra persona para manifestarse.

Prisa y paciencia
Un guerrero de la luz necesita al mismo tiempo paciencia y rapidez. Los dos mayores errores de la estrategia son: actuar antes de tiempo y dejar pasar la oportunidad.

Para evitar esto, el guerrero trata cada situación como si fuese única, y no aplica fórmulas, recetas u opiniones ajenas.

El califa Moauiyat preguntó a Omar Ben Al-Aas cuál era el secreto de su gran habilidad política:

“Nunca me metí en ningún asunto sin haber estudiado previamente la retirada; por otra parte, nunca entré y quise salir corriendo enseguida”, fue la respuesta.

Paz y actividad
En el intervalo del combate, el guerrero descansa.

Muchas veces pasa días sin hacer nada, pues su corazón así se lo exige.

Pero su intuición permanece alerta. No comete el pecado capital de la Pereza , porque sabe a dónde lo puede conducir: a la floja sensación de las tardes de domingo, donde pasa el tiempo y nada más.

Un guerrero descansa y ríe. Pero siempre estará atento.

De la Gloria Pasajera
Sic transit gloria mundi. De esta manera San Pablo define la condición humana en una de sus epístolas: la gloria del mundo es transitoria. Y, a pesar de saber esto, el hombre siempre parte en busca del reconocimiento por su trabajo.

¿Por qué? Uno de los mayores poetas brasileños, Vinícius de Moraes, dice en una de sus canciones:

“ E no entanto é preciso cantarmais que nunca é preciso cantar (Y, no obstante, es preciso cantar más que nunca es preciso cantar Vinícius de Moraes está brillante en esas frases. Recordando a Gertrude Stein en su poema “Una rosa es una rosa, es una rosa”, se limita a decir que es preciso cantar. No da explicaciones, no justifica, no usa metáforas. Cuando presenté mi candidatura a este Sillón, al cumplir el ritual de entrar en contacto con los miembros de la casa de Machado de Assis, escuché del académico Josué Montello algo semejante. Me dijo: “ Todo hombre tiene el deber de seguir el camino que pasa por su aldea”.

¿Por qué? ¿Qué es lo que hay en ese camino?

¿Qué fuerza es esa que nos empuja hacia delante, alejándonos del confortable ambiente que nos es familiar y nos lleva a enfrentar desafíos, aun sabiendo que la gloria del mundo es transitoria?

Creo que ese impulso se llama “la búsqueda del sentido de la vida”.

Durante muchos años busqué en los libros, en el arte, en la ciencia, en los caminos – peligrosos o cómodos – que recorrí, una respuesta definitiva para esa pregunta. Encontré muchas: algunas que me convencieron durante algunos años, otras que no resistieron un solo día de análisis. Sin embargo, ninguna de ellas fue lo suficientemente fuerte como para poder decir ahora: el sentido de la vida es éste.

Hoy estoy convencido de que tal respuesta jamás nos será confiada en esta existencia aun cuando al final, en el momento en que volvamos a estar ante el Creador, comprenderemos cada oportunidad que nos fue ofrecida y entonces aceptada o rechazada.

En un sermón de 1890, el pastor Henry Drummond hablando de ese encuentro, dice:

“ En ese momento, la gran pregunta del ser humano no será “¿Cómo viví?”

Será, esto sí, “¿Cómo amé?”

La prueba final de toda búsqueda es la dimensión de nuestro Amor. No será tomado en cuenta lo que hicimos, en qué creímos, o lo que conseguimos.

Nada de eso nos será reprochado, pero sí nuestra manera de amar al prójimo. Los errores que cometimos ni siquiera serán recordados. No seremos juzgados por el mal que hicimos, sino por el bien que dejamos de hacer. Pues mantener el Amor encerrado dentro de sí es ir en contra del espíritu de Dios, es prueba de que nunca lo conocimos, de que Él nos amó en vano.”

La gloria del mundo es pasajera, y no es ella la que nos da la dimensión de nuestra vida, sino la elección que hacemos de seguir nuestra leyenda personal, creer en nuestras utopías, y luchar por ellas. Todos somos protagonistas de nuestra existencia, y muchas veces son los héroes anónimos quienes dejan las huellas más duraderas.

Cuenta una leyenda japonesa que cierto monje, entusiasmado por la belleza del libro chino Tao Te King, resolvió recolectar fondos para traducir y publicar aquellos versos en su lengua patria. Demoró diez años hasta conseguir lo suficiente.

Mientras tanto, una peste asoló su país y el monje decidió usar el dinero para aliviar el sufrimiento de los enfermos. Pero en cuanto la situación se normalizó, nuevamente partió para recaudar la cantidad necesaria para la publicación del Tao; otros diez años pasaron, y cuando ya se preparaba para imprimir el libro, un maremoto dejó a centenares de personas sin hogar.

El monje de nuevo gastó el dinero en la reconstrucción de casas para los que lo habían perdido todo. Pasaron otros diez años, él volvió a recoger el dinero y finalmente el pueblo japonés pudo leer el Tao Te King.

Dicen los sabios que, en verdad, ese monje hizo tres ediciones del Tao: dos invisibles y una impresa. Él creyó en su utopía, libró el buen combate, mantuvo la fe en su objetivo, pero no dejó de prestar atención a sus semejantes. Que así sea con todos nosotros: a veces los libros invisibles, nacidos de la generosidad hacia el prójimo, son tan importantes como aquellos que ocupan nuestras bibliotecas.

FUENTE: http://www.paulocoelho.com
“Guerrero de la Luz Online, publicación de www.paulocoelho.com.br

Sant Jordi Asociados Agencia Literaria S.L
http://www.santjordi-asociados.com
Traducido por Montserrat Mira


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