Sor Juana Inés de la Cruz

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, nació en 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla, Amecameca; México. Hija de Isabel Ramírez y Pedro Manuel de Asbaje.

Juana Inés aprendió a leer a los tres años; a escondidas de su madre, acompañaba a su hermana mayor a sus clases, y surgió en ella un deseo tan grande de aprender a leer que le mintió a la maestra diciéndole que su madre ordenaba que también a ella le diese la lección.

La crianza de Juana Inés estuvo a cargo del abuelo materno, Don Pedro Ramírez, en una hacienda de Panoayán, México hasta su muerte en 1656, cuando por orden de su madre se dirige a la capital. Allí reside bajo la tutela de su hermana, María Ramírez, y toma clases de latín con el bachiller Martín de Olivas, logrando dominar la lengua con tan sólo veinte lecciones.

A trece años, Juana Inés fue llamada a la corte virreinal para servir como dama de la virreina doña Leonor Carreto, Marquesa de Mancera. El ambiente de la corte influyó definitivamente en la formación de Juana Inés, pues los virreyes protegieron a Sor Juana de manera decidida. El virrey, asombrado por la sagacidad demostrada por Juana, convocó a cuarenta letrados de varias facultades para que le aplicaran a la joven una prueba extraordinaria y ésta, dejando sin argumentos a los académicos, superó el examen en condiciones de excelencia, lo cual despertó una gran admiración hacia su persona.

Juana Inés entró en el Convento de San José de Carmelitas Descalzas el 14 de agosto 1667, poco antes de cumplir los 16 años, escogiendo así un camino de vida propio, ni la corte ni el matrimonio, del que tantas veces renegó.  Apenas tres meses después de su ingreso, se vio forzada a abandonar el convento, pues la severa disciplina de la orden hizo grandes estragos en su salud. 

Juana Inés permaneció un año y medio en Palacio y después regresó a la vida de religiosa, esta vez en el convento de San Jerónimo. El 24 de febrero de 1669 tomó los votos definitivos y se convirtió en Sor Juana Inés de la Cruz.

Dentro del convento Sor Juana Inés fue una monja devota y rigurosa con sus obligaciones, sin embargo, el estudio de la ciencia y las letras fueron siempre para Sor Juana "su mayor delicia". Esto le trajo constantes regaños por parte de su confesor, el padre Antonio Núñez de Miranda, quien pensaba que esto no era correcto para una monja.

El 8 de mayo de 1680 se designa el nuevo virrey, el marqués de la Laguna. El y su esposa, María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga llegaron a admirar también la obra de Sor Juana. La marquesa procuró la amistad de la monja y la protegió siempre.

De 1669 hasta 1693 Sor Juana Inés vivió en el convento. Gracias a la protección de los virreyes, sus poemas fueron bien recibidos para los festejos y ceremonia oficiales, lo que le trajo beneficios económicos, influencia y prestigio. El convento se convirtió, gracias a ella, en un salón donde se hablaba toda clase de asuntos: literarios, teológicos y filosóficos. Sor Juana Inés poseía una gran cantidad de libros; además, poseía instrumentos científicos y musicales.

En 1694, Sor Juana Inés celebró sus 25 años de vida religiosa, sus superiores la presionan, para que se desprendiera de las cosas que más quería en su vida: sus libros. Regaló sus instrumentos musicales y todas sus pertenencias; donó algunos de sus libros y otros se vendieron; incluso abandonó sus habitaciones, pues no soportaba mirar sus altas paredes sin sus amados objetos.

Un año más tarde, en 1695, apareció una epidemia de peste en la ciudad de México, y en pocos días penetró al convento de las jerónimas. En ese tiempo no había curación posible para esa enfermedad. Sor Juana Inés se dedicó a cuidar a las monjas enfermas y se contagió.

Sor Juana Inés murió el 17 de abril de 1695. A pesar de las críticas y de las envidias que tuvo que padecer, sus contemporáneos reconocieron en Sor Juana Inés su digna rebeldía y su incomparable talento. Le dieron el nombre de "Décima musa" y "Fénix de América".

La virreina y mecenas de Sor Juana, su amiga Leonor Carreto, se encargó de la primera publicación de su obra, la colección poética Inundación Castálida. La edición completa de sus obras la llevó a cabo Méndez Plancarte, editada en 4 tomos por el Fondo de Cultura Económica en 1951. De su extensa obra destaca: La Silva, Al modo gongorino de las Soledades, El Primero Sueño.


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