Francisco José de Goya y Lucientes

Nació en la provincia de Zaragoza en un pueblo llamado Fuendetodos el 30 de marzo de 1.746. Sus padres fueron Francisco de Paula José de Goya y Gracia Lucientes.

Fue a la escuela de un monasterio, luego a clases de dibujo y finalmente, cuando tenía 14 años, pasó cuatro en el taller de José Luzán. Su maestro no fue un pintor notable, y probablemente fue su propia habilidad y la experiencia lo que le dio a Goya su pertinaz y artística ambición.

Fue a Madrid dos veces: a los 17, cuando era todavía un aprendiz, y a los 20 a probar suerte en los concursos para la entrada en la Real Academia de San Fernando, los cuales perdió. En la capital de España se instalara en el taller de Francisco Bayeu, cuyas relaciones con el dictador artístico del momento y promotor del Neoclasicismo, Antón Rafael Mengs, eran excelentes. Bayeu mostrará a Goya las luces, los brillos y el abocetado de la pintura.

Durante cinco años Goya permaneció en el taller, concursando regularmente en el asunto de la pensión, siempre con el mismo resultado.

Decidió ir a Italia por su cuenta. En 1.771 está en Parma, presentándose a un concurso en el que obtendrá el segundo premio; la estancia italiana va a ser corta pero muy productiva. A mediados de 1.771 está trabajando en Zaragoza, donde recibirá sus primeros encargos dentro de una temática religiosa y un estilo totalmente académico.

El 25 de julio de 1.773 Goya contrae matrimonio en Madrid con María Josefa Bayeu, hermana de Francisco y Ramón Bayeu por lo que los lazos se estrechan con su "maestro".

En 1.775, año de su establecimiento definitivo en Madrid. Bayeu le proporcionó trabajo en la Real Fábrica de Tapices, para la que realizó sesenta y tres cartones, en su mayor parte con escenas idílicas y de la vida diaria, plasmadas con colores claros y vivos e impregnadas de alegría y romanticismo.

En 1.780 ingresa en la Academia de San Fernando para la que hará un Cristo crucificado, actualmente en el Museo del Prado. Y ese mismo año decora una cúpula de la Basílica del Pilar de Zaragoza, aunque el estilo colorista y brioso del maestro no gustara al Cabildo catedralicio y provocara el enfrentamiento con su cuñado Francisco Bayeu.

En Madrid se iniciará la faceta retratística de Goya, pero será durante el verano de 1.783 cuando retrate a toda la familia del hermano menor de Carlos III, el infante D. Luis, en Arenas de San Pedro (Ávila), sirviéndole para abrirse camino en la Corte, gracias también a su contacto con las grandes casas nobiliarias como los Duques de Osuna o los de Medinaceli, a los que empezará a retratar, destacando la Familia de los Duques de Osuna, uno de los hitos en la carrera de Goya. Carlos IV sucede a su padre en diciembre de 1.788; la relación entre Goya y el nuevo soberano será muy estrecha, siendo nombrado Pintor de Cámara en abril de 1.789. Este nombramiento supone el triunfo del artista y la mayor parte de la Corte madrileña pasa por su estudio para hacerse retratos, que cobra a precios elevados.

En 1.792 cae gravemente enfermo, y tras unos meses recupera la salud, pero se había quedado completamente sordo. El dolor que tuvo que pasar le provocó una especie de renacimiento y revalorización de sí mismo.

Al fallecer su cuñado Bayeu en 1.795 ocupará Goya la vacante de Director de Pintura en la Academia de San Fernando, lo que supone un importante reconocimiento. Este mismo año se iniciará la relación con los Duques de Alba, especialmente con Doña Cayetana, cuya belleza y personalidad cautivarán al artista. Cuando ella enviudó, se retiró a Sanlúcar de Barrameda y contó con la compañía de Goya, realizando varios cuadernos de dibujos en los que se ve a la Duquesa en escenas comprometidas.

En 1.798 Goya realiza la llamada Capilla Sixtina de Madrid para emular a la romana de Miguel Ángel. Este mismo año firma también el excelente retrato de su amigo Jovellanos.

Hacia 1.799, Goya concluyó una de sus grandes series de grabados, Los caprichos, ochenta y dos aguafuertes que constituyen una crítica feroz de la sociedad civil y religiosa de la época. En esta serie aparecen ya algunos personajes extraños y macabros que acabarán protagonizando obras posteriores del maestro.

Los primeros años del siglo XIX transcurren para Goya de manera tranquila, trabajando en los retratos de las más nobles familias españolas, aunque observa con expectación cómo se desarrollan los hechos políticos.

El estallido de la Guerra de la Independencia en mayo de 1.808 supone un grave conflicto interior para el pintor ya que su ideología liberal le acerca a los afrancesados y a José I mientras que su patriotismo le atrae hacia los que están luchando contra los franceses. Este debate interno se reflejará en su pintura, que se hace más triste, más negra, como muestran El Coloso o la serie de grabados Los Desastres de la Guerra.

En 1.815 empezó a trabajar sobre la Tauromaquia. Esta nueva obra para grabados es una de las más perfectas de Goya. Son sus recuerdos y homenajes al mundo de los toros. Esta serie de la Tauromaquia la hizo para un libro de "Historia de las corridas en España". Investigó y estudió hasta saber cómo empezó esta fiesta en España. En la Tauromaquia están pintados todos los estilos antiguos del toreo y los nuevos, que no tuvieron mucha suerte y que duraron muy poco. Hay muchas escenas trágicas, como, por ejemplo, las cogidas de toreros y otras personas. Pero son los picadores los que más lástima dan a Goya, pues se acercan al toro sin defensas y sus cogidas eran muy frecuentes. Los picadores eran personas bastante gordas y casi no podían moverse, por lo que las heridas eran muy graves.

En 1.819 Goya compró una casa cerca del Manzanares, el río junto al cual había situado numerosas obras de su juventud; el lugar le debía traer múltiples recuerdos de un tiempo muy lejano. Allí, en la "Quinta del Sordo", como el hombre popular llegó a denominarla, el pintor viejo, casi solitario, pero acompañado por Leocadia Zorrilla, separada de su marido "por infidelidades de ella", y la hija de ésta, Rosarito, amargado y evocando los fantasmas de su existencia pasada, comenzó a pintar las paredes de las habitaciones de su residencia.

Por esos años Goya se siente cada vez más solo.

En septiembre de 1.823 había regalado su Quinta del Sordo a su nieto Mariano antes de salir, en 1.824, para Francia. Establecido en Burdeos, se quedó allí hasta su muerte en 1.828. Durante estos años pintó escenas de la vida francesa, con la misma facilidad como había pintado las españolas, haciendo la Lechera de Burdeos, como un anticipo del estilo de Renoir. Su modelo fue la mujer que le llevaba todos los días la leche, montada en un pequeño burro, desde una granja de los alrededores de Burdeos.

Goya fallece en Burdeos en la noche del 15 al 16 de abril de 1.828, a la edad de 82 años. Sus restos mortales descansan desde 1.919 bajo sus frescos de la madrileña ermita de San Antonio de la Florida, a pesar de que le falte la cabeza ya que parece que el propio artista la cedió a un médico para su estudio.


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