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Carlos
Saavedra Lamas nació en Buenos Aires en 1878,
abogado y político era bisnieto de Cornelio Saavedra,
presidente de la Primera Junta, establecida el 25 de
mayo de 1810 y se graduó en la Facultad de Derecho
de la Universidad de Buenos Aires en 1903, con medalla
de oro. En la Facultad de Filosofía y Letras
fue profesor y fundador de la cátedra de Sociología.
En la de Derecho y Ciencias Sociales creó la
de Legislación del Trabajo.
El derecho internacional lo contó entre sus personalidades
más notables, siguiendo la trayectoria de Luis
María Drago, sobre todo en los arbitrajes. Fue
miembro de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya.
En 1928 fue elegido por el voto unánime de los
representantes de 56 naciones como presidente de la
XI Conferencia Internacional del Trabajo, reunida en
Ginebra. Entre otros foros internacionales, Saavedra
Lamas presidió también la Asamblea de
la Sociedad de las Naciones en Ginebra. Fue ministro
de Justicia e Instrucción Pública en 1915,
ministro de Relaciones Exteriores y Culto en 1933 y
1938, y diputado nacional en dos períodos.
Como canciller, fue el responsable de los éxitos
que en política exterior logra el gobierno de
Agustín P. Justo. Insiste en reincorporar al
país a la Liga de las Naciones, mejora notablemente
las relaciones con Brasil, y promueve en este contexto
el intercambio de visitas entre los presidentes Justo
y Getulio Vargas.
Obtuvo el Premio Nobel de la Paz de 1936, cuando tenía
58 años, por su labor en pro de la paz en general,
pero en particular por haber inspirado el "Pacto
antibélico Saavedra Lamas", que fue firmado
por 21 naciones y que se convirtió en un instrumento
jurídico internacional suficiente para mantener
la estabilidad y la paz entre las naciones.
Además,
le cupo un papel brillante como mediador para finalizar
la guerra del Chaco que enfrentó a Paraguay y
Bolivia. Fue Saavedra Lamas quien convocó a la
Conferencia de Paz de Buenos Aires para detener el conflicto.
Entre 1941 y 1943 fue rector de la Universidad de Buenos
Aires. No era partidario de la "Doctrina Monroe",
como pacto regional al que todo debía subordinarse.
Ha dejado obras como "La escuela intermedia",
"Los tratados de arbitraje", "Economía
colonial" y Los asalariados en la República
Argentina".
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